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No queremos parques

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Conversando con un Secretario de la Alcaldía de Medellín, contó que tuvo la idea de construir un parque para perros, allí dicha zona estaría dotada de juegos y un ambiente acondicionado para que las personas salieran a pasear con sus mascotas, el plan finalmente no fue ejecutado porque los vecinos donde se pensaba construir se opusieron, la razón: un parque le quitaría valor a la zona, al traer consigo oportunidad para la llegada de viciosos y sobre todo pérdida de tranquilidad a sus alrededores.

Los parques urbanos son un esfuerzo de la administración pública por ofrecer servicios de recreación a la población y además de poner un pulmón entre tanto cemento. Sus costos para el Estado, no más en Bogotá superan los $800.000 millones que se encuentran en el presupuesto de recreación y cultura.

En un estudio realizado en “la ciudad de los parques”, Bucaramanga, se encontró que 60% de ellos estaba mal dotado en materia recreativa y 47% considera que el principal problema es la seguridad, pues los entrevistados lo relacionan con la presencia de jóvenes consumiendo droga y la acumulación de basuras; la causa que aparecía en esta publicación de la U. del Rosario, es la falta de pertenencia, pues su inmobiliario era dañado por particulares, usados sus espacios como letrinas o pintado con “grafitis”.

La tragedia de los comunes fue descrita por Garret Hardin en 1968, allí señalaba que un recurso compartido motivado por el interés particular de los individuos tiende a ser sobreexplotado así desaparezca, como ejemplo se tiene: la tala de bosques, la pesca, etc. Dicha tragedia se aplica a casi todo lo público; los economistas han debatido sobre las distintas formas de enfrentarlo: una de ellas es un control estricto por parte del Estado, en donde regule la explotación y cuide del bien, esta forma tiene el problema que es más onerosa y poco eficiente pues no tiene ningún estímulo por parte de los beneficiarios, la segunda es mediante la explotación privada, aquella obtiene una ganancia mediante la explotación comercial y mantiene los lugares lo mejor posible para maximizar su beneficio. Un buen ejemplo de ello es la plaza de la alcaldía de Ciudad de Panamá, donde pasó de ser un espacio mal organizado lleno de puestos ambulantes, a una plazoleta comercial y verde donde semanalmente hay eventos.

A todo este problema de lo público, la Corte Constitucional les dio otra estocada a los parques, en el comunicado del sentido de la sentencia, los magistrados expusieron que prima el derecho al libre desarrollo de la personalidad y por ello prohibir el consumo de sustancias psicoactivas en espacios públicos es inconstitucional, este mensaje, erróneo a mi parecer pues pone por encima un derecho sobre el de los niños, termina por fomentar la sensación de inseguridad. Reinventar el espacio de todos requiere planeación y sobre todo buscar soporte del sector privado, mientras tanto las personas seguirán con la idea de no querer más parques cerca.

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