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Analistas 29/10/2021

Mejor aliados que enemigos

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Uno de los sectores más golpeados por la pandemia ha sido el turismo; todos los servicios asociados a hotelería tuvieron una caída vertical y la operación misma de los hoteles apenas comienza a reactivarse, pese a las dificultades y la nueva normalidad que se vive.

Según Cotelco, el sector hotelero tuvo pérdidas por más de $11 billones; ciudades como Bogotá, donde el hospedaje está enfocado en los negocios, ha tenido un despegue más lento, y se calcula que la actividad tardará al menos un par de años en recuperarse. Ante este panorama, llaman la atención las cifras de Airbnb, en donde no decreció en la mayoría de lugares y supo mantenerse a pesar de la crisis. Este negocio, que hace parte de la revolución de los servicios por medio de las aplicaciones, se ha convertido para muchos propietarios de casas y apartamentos en una fuente de ingresos, además de convertirse en una opción de alojamiento en Colombia; ciudades como Medellín han llegado a ocupaciones de 73% en 2021; vendiendo más de 52.000 noches por mes y generando en promedio $2 millones de ingresos por inmueble. Otros destinos turísticos como San Andrés tienen ocupaciones de 70% a lo largo del año y producen $4 millones mensuales. De cara a los huéspedes, esto se ha convertido en una excelente opción por la seguridad, privacidad y conveniencia que brinda este tipo de propiedades.

Antes de que comenzara la pandemia, existió una fuerte presión por parte de gremios hoteleros por la prohibición de este tipo de servicios; con razón alegaban que la competencia era desleal por la diferencia impositiva; hoy con la crisis, muchos hoteles utilizan Airbnb y con el portal están reduciendo costos de mercadeo e incluso de mantenimiento.

Las nuevas tecnologías llegaron para quedarse y hoy son una solución para la reactivación; ya es común ver edificios enteros pensados para ser utilizados en la plataforma y su gestión cada vez se profesionaliza más: así aparecen start-up como Wellcome, Samba o Weguest, donde ofrecen a los propietarios la gestión integral del alquiler, pasando por el mercadeo, aseo, seguridad, etc. Estos emprendimientos se consolidan gracias a la demanda creciente por las nuevas alternativas en el negocio del hospedaje.

No vale la pena luchar contra el desarrollo tecnológico; a pesar de las trabas, Uber sigue funcionando en Colombia; Airbnb sigue creciendo y perseguirlo o incluso intentar regularlo puede ser un error. El Estado no tiene por qué meterse en todas las actividades y cuando funcionan bien debe dejar a que la oferta y demanda que regulen el proceso. Los tiempos difíciles para el turismo y la hotelería continúan, pero ya es tiempo de dejar ver estas nuevas iniciativas como enemigos y comenzar a verlas como un aliado que los ayude a superar la crisis y mejorar el negocio en el futuro. Colombia debe ser pionera en la reactivación del turismo y en vez de agotar las iniciativas con cargas tributarias, debe dejar trabajar: esa es la única forma de recuperar los números antes de la crisis.