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Los tecnócratas en la política

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James Carville, famoso asesor de Bill Clinton y creador del documental The Room, señaló en una ocasión que antes de las elecciones le habría gustado volver como Presidente o como Papa para tener poder, pero que ahora le gustaría reencarnar en el mercado de deuda, así intimidaría a todo el mundo.

El Banco Central tuvo su desarrollo a inicios del siglo XX y se le encomendaron dos tareas básicas: emitir la moneda y controlar la inflación. Fue fundamental en su fundación la independencia del ejecutivo y uno de los países donde ha tenido prestigio es Colombia con el Banco de la República. Dicho Banco, en su junta directiva está conformado por el ministro de Hacienda, cinco miembros permanentes y un gerente general nombrado por los anteriores; estos tienen un periodo de cuatro años prorrogables dos periodos más. Como el presidente de turno tiende a complacer sus proyectos a corto plazo y suele tener interés en mantener su popularidad, este banco central garantiza de alguna manera la estabilidad en los ciclos económicos y la buena gestión en la economía.

En la política moderna se suele decir que se necesitan más personas que sepan de los temas como el de la banca central; a dichos expertos suele llamarse tecnócratas y habitualmente han sido personas a las cuales se acude en caso de necesidad. Se suele hablar bien de ellas y ocupan cargos “técnicos” como la dirección de entidades descentralizadas, viceministerios y algún ministerio que necesite reingeniería como el minero; sin embargo, este tipo de perfiles viene teniendo poco éxito en las elecciones populares, precisamente de manos de quienes más los reclaman; no suelen salir electos.

Una explicación a este fenómeno la da Weber, quien señala que este tipo de personas suele ser distante del elector común, y los economistas consideran que el mejor argumento es el ganador. En la política real muy pocas veces es así, basta ver la conformación del Congreso actual. Sumado a lo anterior, muchos de ellos tienen un código moral más estricto que el electorero común y no caen en las prácticas habituales que les funcionan a las maquinarias de siempre.

Sin embargo, como lo dijo el asesor de Clinton, estos tecnócratas se vuelven poderosos desde sus cargos porque saben de la materia; según su criterio, ejecutan las medidas que consideran necesarias para cumplir sus objetivos, muchas veces sin importarle los costos políticos ni el presidente de turno. Lo malo es que dichos expertos muy pocas veces gozan de completa autonomía desde la institución donde trabajan y sus políticas de largo plazo se ven reemplazadas por otras de mayor conveniencia del político de turno, algunas veces con la debida remoción del cargo.

Los tecnócratas son necesarios para la economía y el buen funcionamiento de las instituciones; su ascenso en la elección popular ha sido lento; ojalá tengamos dentro de poco alguno también como presidente.

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