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Tribuna Universitaria 04/12/2020

Emigrando de Colombia

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Conversando con un amigo me contaba con alegría que había recibido la nacionalidad española gracias al beneficio concedido por el gobierno español en reparación a los judíos sefardíes expulsados de Europa. Colombia fue el segundo país con mayor número de solicitudes.

Salir del país a buscar un nuevo destino es una dura opción de la cual han hecho uso millones de personas especialmente en tres periodos: el primero de ellos fue en los años 60 cuando emigraron colombianos sobre todo a Estados Unidos; una segunda ola fue a Venezuela; y una tercera en los años 2000 hacia España. De manera legal e ilegal se cuentan los casos en los cuales se logra salir adelante en países con costumbres muy distintas.

Las razones de la emigración son diversas, en los años 60, según migración país, la primera ola fue de personas de estratos medio y alto que viajaron en busca de estudio y mejores posibilidades de vida. Las dos siguientes obedecieron estrictamente a temas económicos. Países más desarrollados buscan trabajadores no calificados y aquello se convierte en una excelente oportunidad para personas que buscan un mejor futuro. No son menores tampoco los casos de quienes emigran por amenazas o desplazamiento.

Sea cual fuere la razón, salir del país es un proceso doloroso, las familias se separan, se abandonan amigos, sueños y costumbres locales, para buscar un mejor futuro. En países desarrollados es más fácil conseguir empleo, si se legalizan, entran al sistema de salud y educativo y trabajadores sin ninguna preparación, logran tener una vida digna y por la tasa de cambio pueden ayudar a sus familias.

Según la ONU, Colombia tiene más de dos millones de personas viviendo fuera del país, en España es la cuarta nacionalidad extranjera precedida por Ecuador, Rumania y Marruecos, allí se concentra también la mayor cantidad de colombianos de Europa. Historias sobre colombianos saliendo adelante hay muchas y haciendo cosas indebidas, desafortunadamente, también abundan.

El covid-19 trajo consigo una crisis económica a nivel mundial que en el caso colombiano se suma a diversas protestas sociales y un año de elecciones. El amigo que alegre me contaba acerca de su nacionalidad me daba una dura conclusión: tener otro pasaporte da la oportunidad de construir otra vida por fuera en caso de que un mandatario de izquierda gane las elecciones en 2022.

No es fatalismo, el resultado del paso de las ideologías destructivas lo podemos ver en Venezuela, Argentina, Cuba, Bolivia y en la historia reciente de la humanidad, pareciera que no aprendiéramos; por ello, contemplar tener otra nacionalidad se vuelve en una realidad para muchos ciudadanos, realidad dolorosa pues la mayoría de los que emigran anhelan algún día volver, como dice la canción de Javier Solís, “Me voy pero un día volveré a buscar mi querer a soñar otra vez”.