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Jesús no quiso ser rey

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En esta semana de calma y reflexión se viene a la mente el pasaje en el cual Jesús se compadece de la multitud al verla hambrienta y realizó la multiplicación de los panes y los peces; “cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada, los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada… Jesús, sabiendo que querían apoderarse de él para hacerlo rey, se retiró otra vez a la montaña” narra el evangelista S. Juan.

A los ojos de cualquier hombre hacerlo rey era un honor que valía la pena aceptar y, seguramente, con la convicción de ayudar a estas gentes que lo necesitaban tanto; sin embargo, Jesús, conociendo el corazón de los hombres, sabía que su coronación lejos de ser un reconocimiento como mesías y aceptación del nuevo mensaje, era simplemente porque hacía milagros y les daba gratis de comer. Una población que se dejaba comprar por unos panes y unos peces, era fiel al que le diera más; por ello esos mismos que presenciaron los milagros, tiempo después gritaban que lo crucificaran. Lo grave y triste al mismo tiempo, es que después de 2.000 años la situación no ha cambiado.
Hoy son muchos los políticos que ganan unas elecciones regalando comida, tejas y plata, para después olvidarse de quien votó por ellos. En las elecciones legislativas, dicho comportamiento aunque grave, no tiene grandes consecuencias, al no ejecutar presupuesto ni gobernar un pedazo de territorio; en cambio, la situación preocupa cuando con las promesas de regalar “panes y peces” logran conquistar la presidencia de un país, o lo que es lo mismo, cuando a punta de subsidios van minando la fuerza económica
Jesús, milagrosamente hacía aparecer peces y panes, desafortunadamente en la economía de un país eso no ocurre; el regalar mercados, servicios públicos y viviendas es a costa del crecimiento de los impuestos a la clase productiva; no hay otra forma; el Estado no hace milagros, gasta la plata que recoge de los tributos o se endeuda, lo que a largo plazo termina pagando el mismo segmento contribuyente.

Este canto de sirena fue oído en el pasado por varios países comunistas; el hambre y el fin del “milagro” los hizo acabarse y volver a la realidad: el que no trabaja sencillamente no come. Desafortunadamente la tentación de obtener todo regalado nunca va a acabar; por ello los vecinos venezolanos pasan necesidades y la Argentina tuvo el debacle económico del cual apenas comienza a recuperarse.

En Colombia, sin embargo, son varios los candidatos presidenciales que prometen regalar desde energía hasta más viviendas, curiosamente el más empeñado en los programas asistencialistas figura de segundo en las encuestas. Regalar cosas sigue siendo igual de efectivo después de 2.000 años, lo malo es que como le pasó a Jesús apenas los subsidios se acaban, el pueblo se levanta y si el gobernante es un tirano, solo les espera hambre y sangre en las calles. Veremos qué quiere Colombia.

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