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Analistas 24/09/2021

El premio a una vida criminal

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Hace unos años, gracias a una labor social pudimos compartir con algunos desmovilizados, los cuales terminaron pagando varios años de cárcel, algunos de ellos en Estados Unidos y desde la lejanía muchos entendieron sus errores.

La justicia para que funcione necesita alguna pena, la impunidad en ningún caso demuestra el error en el actuar. Si bien en los procesos de paz existen penas alternativas, para que funcione, ninguno contempla la impunidad y menos unos premios por los errores cometidos.

En el reciente proceso de paz con las Farc no existió justicia, los terroristas después de una vida de crímenes obtuvieron curules en el Congreso, el narcotráfico, corazón del crimen, siguió creciendo con las disidencias, la verdad y reparación están en tela de juicio, más cuando se quieren achacar crímenes para lavar culpas ajenas como en el caso de Álvaro Gómez.

Cuando los criminales no son juzgados, no pagan alguna pena así sea alternativa, no se concientizan de sus errores, no se arrepienten y se creen con el derecho incluso de pontificar sobre lo que está bien y lo que está mal, terminan enviando el peor mensaje a la sociedad: el crimen paga.

Los procesos de paz en África han enseñado que se debe trabajar sobre las fuentes del conflicto, las peleas raciales fueron producto de gran parte de aquellos, solo el trabajo entre ambos y gobiernos mancomunados lograron algún resultado.

En Colombia, los orígenes del conflicto fueron reclamos sociales, las guerrillas comunistas lucharon por un modelo distinto del país, en el caso de las Farc por un Estado por fuera del modelo democrático, aquellos reclamos que pudieron tener alguna validez en la época, se fueron perdiendo con la entrada del narcotráfico, la guerrilla se convirtió primero en protector de los cultivadores de la mata de coca, con la caída de los grandes capos pasaron a controlar la producción y finalmente las rutas, las cuales al día de hoy se conservan porque en el proceso de paz no hubo entrega ni denuncia de los cultivos ilícitos.

¿Se necesita acabar con el proceso de paz hecho con las Farc? No, pero si requiere ajustes, los otrora criminales no pueden estar ocupando las curules que fueron diseñadas para las víctimas, la JEP debe empezar a trabajar en algún tipo de pena alternativa, los miles de millones que cuesta su funcionamiento no se pueden ir en peleas con expresidentes y en lentos procesos que no han llegado a ningún lado.

La credibilidad es fundamental en cualquier proceso, a lo lejos antiguos terroristas aprendieron de sus errores pagando cárcel, entregando rutas del narcotráfico y algunos delatando a sus amigos. Sin alguna pena no existe el reconocimiento de los errores, solo parecerá un premio por una vida criminal, el tratadista Truyol Serra señala que sin justicia “El pueblo y el derecho caminan separados; el Estado y el derecho no construyen una unidad orgánica, y la ciencia jurídica deja de contribuir para detener el funesto proceso”.