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Analistas 01/04/2022

Del malestar a la rabia

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Un manto de duda han dejado los últimos comicios; la variación de más de 5 puntos porcentuales entre el preconteo y el reconteo, beneficiando casi que exclusivamente a un partido, terminó dejando un sinsabor de cara a las elecciones presidenciales, tal vez las más importantes en mucho tiempo.

La corrupción en las elecciones no es un tema nuevo; la historia de Colombia demuestra bastantes ejemplos en donde la voluntad popular ha sido cambiada en el escrutinio, tanto en las legislativas con los últimos puestos de los candidatos, como en algunas presidenciales; el caso más bochornoso fue el de Rojas Pinilla, quien iba ganando y después de un corte de energía terminó arriba Misael Pastrana Borrero. Así se impuso esta decisión sin darle valor a lo decidido por el pueblo. Esta rabia por el robo de las elecciones dio origen al grupo terrorista M-19, con las conocidas consecuencias.

Es grave corromper la voluntad popular; desde el “conejo” en el plebiscito con el proceso de paz, el país ha venido escalando un proceso de polarización en donde las personas están pasando del malestar a la rabia; una seguidilla de gobiernos ineptos le está abriendo la posibilidad al populismo; la rabia es producto de no hacer las reformas necesarias a tiempo, de dejarse ganar por los políticos de siempre, de los escándalos de corrupción en el gasto público y sobre todo de no saber representar al ciudadano trabajador. Hoy se está al borde de quemar todo con tal de sentir un cambio en el país.

El sentimiento de corrupción en las elecciones es muy peligroso, sobre todo de cara a las presidenciales; de ganar Petro se sentirá robado el candidato perdedor y aquello profundizará el resquebrajamiento del país, o de perder el primero, seguro saldrá a incendiar lo que pueda alegando fraude; cualquiera de las dos opciones es una bomba de tiempo con consecuencias inesperadas. El manto de duda hoy es más peligroso por la rabia con la que cuentan ya varios de los votantes. ¿hay tiempo de evitar esta hecatombe? No parece haber mucho, pero un primer paso sería la renuncia del registrador; sus excusas solo generan más dudas. El segundo es acrecentar los testigos electorales, mientras más veeduría, mejor control de lo que pase.

Se espera un pequeño incremento en el total de votación para las elecciones presidenciales; en las últimas legislativas hubo un incremento de 2,5% de votantes y una abstención de 54.13% según la Registraduría y para las siguientes la abstención deberá estar en 50%, por lo tanto habrá alrededor de 22 millones de votantes que esperan no haya corrupción.

El descontento está servido en el país, sea cual fuere el ganador; el esfuerzo en este momento es porque de verdad se respete la voluntad popular, la rabia en Colombia nunca ha producido buenos resultados y para calmarla se deberá poner a prueba la fortaleza de las instituciones, en donde su credibilidad está en entredicho por las dudas sembradas en todos los sectores.

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