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Analistas 26/04/2023

Los negocios de la paz

Un negocio no es otra cosa que una transacción donde hay un intercambio de objetos de valor. Objetos que pueden ser tangibles o intangibles. Los negocios de la paz en Colombia, que llevamos haciendo hace más de 40 años, no son nada distinto que un trato entre dos partes; el Estado y ejércitos ilegales con ropaje político.

El intercambio justo entre estas dos partes debería ser que el primero conceda sanciones reducidas y facilidades para la reintegración, y que los segundos dejen de matar, extorsionar, secuestrar, violar, talar, minar, contaminar y traficar. Sin condiciones que le impliquen al Estado acomodar su institucionalidad. Desafortunadamente, el último negocio que hicimos -la Paz de Santos-, visto desde una perspectiva estrictamente transaccional, fue pésimo porque una parte entregó demasiado a cambio de muy poco.

El gobierno Santos entregó a las Farc indultos, curules, protección, remuneración, presupuesto y la cereza en el pastel: justicia a la medida -la JEP-. Todo esto nos costará a los colombianos miles de millones de pesos durante décadas. ¿A cambio de qué? ¿A cambio de unos cuantos desmovilizados y de unas pocas armas? Las Farc no desaparecieron. Siguen vivitas y coleando.

Como era obvio, si no se aborda el corazón del problema que es el narcotráfico, no hay negociación que sirva. Pregunto. ¿Por qué no pedimos más? ¿Por qué nos vendimos tan barato? ¿Por qué no nos levantamos de la mesa cuando una y otra vez se cruzaron líneas rojas que el mismo gobierno había trazado? ¿Por qué nos pusieron a tragarnos tantos sapos?

Uno pensaría que después de ese negocio tan malo, el nuevo gobierno habría aprendido algo. Pero no, este negocio de la ‘Paz Total’ se ve mucho peor. Primero fue el ‘Pacto de la Picota’ donde ya le anunciaban a los grupos ilegales que el gobierno estaba ganoso de negociar.

Después el despido masivo de generales experimentados, que claramente manda una señal de repliegue, y para rematar, un cese al fuego unilateral. Todas estas concesiones se dieron muy a pesar de que los grupos ilegales han intensificado su accionar para presionar al gobierno. Me parece increíble la ingenuidad que demuestra el presidente al pensar que porque fue guerrillero y es de izquierda las guerrillas lo iban a recibir con tapete rojo.

Aunque nadie me lo ha pedido, me tomaré el atrevimiento de hacerle al Gobierno unas recomendaciones sobre principios de negociación usados en el sector privado. El primero es que se debe buscar negociar desde una posición de fortaleza para que el adversario sepa que la alternativa es peor que transar. Por eso nuestra fuerza publica debería estar a la ofensiva.

En segundo lugar, no hay que mostrar la gana porque eso debilita la posición negociadora. Si me muestro muy ávido, la contraparte, que no es pendeja, sabe que puede pedir más. Tercero, hay que estar dispuesto a pararse de la mesa si el interlocutor no cede.

Pero, para levantarse hay que tener plan B y que la otra parte lo conozca para que sepa que no se está cañando. Por último, el vendedor debe pedir un precio alto y el comprador debe pedir rebaja. En este caso el que vende es el Estado, que ofrece lenidad y el que compra son los ejércitos ilegales que compran impunidad. ¿Si ya nos vendimos por un ‘calao’ la última vez ustedes se imaginan lo que nos van a pedir ahora? ¿Qué diablos ofrecerá este gobierno si en el pasado ya lo dimos todo?

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