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Analistas 30/08/2022

Crítica a la teoría del valor de Petro y Marx

En el discurso ante la Andi, el presidente Petro afirmó: ¨ la riqueza es el trabajo¨. Error garrafal, juicio que ni siquiera el propio Marx lo suscribiría: ¨El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (¡que son los que verdaderamente integran la riqueza material! Incluyendo el petróleo, agregaríamos nosotros), ni más ni menos que el trabajo¨ (Crítica del programa de Gotha; Carlos Marx, 1875). Pero dejemos de lado ese tema, lo que nos interesa examinar acá es lo que dijo: ¨Hay actividades que no son productivas …, por ejemplo el comercio, por ejemplo la banca, .. que son transferidoras de valor¨. Juicio que resuena a lo que Marx había dicho hace 147 años: ¨La circulación o el cambio de mercancías no crea valor¨ (El Capital, t-I, cap. 4). Como esta oración descansa en la teoría del valor trabajo, expuesta en el primer capítulo de El Capital, vale la pena reflexionar sobre ella.

Ocupémonos pues del concepto de valor marxista, del valor trabajo. Marx comienza analizando ¨la mercancía¨ en tanto representación de la riqueza en el régimen de producción capitalista. La aborda refiriéndose a sus 2 propiedades, la de ser valor de uso y valor de cambio (luego dirá ¨valor¨), siguiendo la tradición del saber económico heredado (Aristóteles, Smith, Ricardo etc). Respecto al valor de uso, no hay mayores problemas, esta constituye la materialidad de la mercancía proveniente de procesos de producción concretos, de productores privados independientes. El problema radica en el valor de cambio, veamos:

El valor de cambio consiste en la proporción en que se cambian las mercancías (tantas cargas de café por un tractor, etc.,) y se pregunta cuál es ese ¨algo¨ que permite establecer esa proporcionalidad, esos valores de cambio; su respuesta es ¨el trabajo¨, ¨la sustancia¨. Empero, ¿qué es esa sustancia? ¿ese trabajo? ¿Puede yacer en la mercancía? ¿Ser algo inherente a ella? ¿Incorporarse en la mercancía? ¿Materializarse en ella? ¿Acaso ese término sustancia no proviene de la filosofía idealista heredada, que comienza con Platón y llega a su cúspide con Hegel? Pero como dice Heidegger esa es una teo-onto-logía, y para nuestro caso una teo-economo-logía.

Si aceptamos que la verdad es un asunto acerca de las proposiciones, la perspectiva epistemológica semántica de Tarski, servirá para formular el problema de la siguiente manera:

¨El valor es el trabajo incorporado en la mercancía¨ (entre comillas, desde el lenguaje) sí y solo si, el valor es trabajo incorporado en la mercancía, en el mundo real, objetivo, material. Entonces la pregunta pertinente debe enfrentarse con el referente real: el trabajo; y ¿qué es el trabajo? Es siempre una actividad y como tal no puede yacer en una cosa, en una mercancía. ¿Cómo resuelve este problema Marx? Recurre a la perspectiva hegeliana (el famoso ¨coqueteo¨), según lo cual lo cualitativo, para el caso ¨el trabajo¨ también tiene un aspecto cuantitativo: el valor es el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de las mercancías. Pero esto no puede ser sino una imputación y una medición desde afuera de las mercancías concretas, imposible de yacer ¨ahí¨.

Además, el tiempo, misteriosamente, corresponde al ¨trabajo abstracto¨, así lo denominan Marx, el cual no es el que se da en las unidades de producción concretas (empresas), sino el tiempo de trabajo producto de una reducción de diferentes trabajos concretos a una unidad homogénea: el trabajo más simple; acudiendo a la conversión de trabajos más especializados mediante la diferencia de salarios existentes en el mercado.

Lo cual constituye un error lógico, una ¨petición de principio¨, pues pretende explicar el precio con el valor y ahora es el precio de los salarios los que explican el trabajo abstracto, su homogeneización. Pero esta falla es menor al supuesto que se encuentra por debajo de la teoría. ¿Quién calcula los tiempos de trabajo a los cuales no tienen acceso ningún agente de la producción, ni empresarios, ni trabajadores? Otro imposible. ¿Un genio? ¿Un duende relojero cronometrista, invisible, que opera en el mundo ¨suprasensible¨ del valor ¨sin un ápice de materialidad¨ (Marx)? ¿O en una supuesta infraestructura, inaccesi- ble, en donde rige la ley del valor?

Para solucionar este obstáculo epistemológico, la estrategia de Marx, suponemos nosotros, es la de recurrir a la esfera de la circulación de mercancías; por eso, paradójicamente, empieza El Capital, no por la esfera de la producción, que para él era siempre lo determinante, sino por el intercambio de mercancías, en la esfera de la circulación. Allí trata de desentrañar la acción del valor mediante el esclarecimiento del dinero que será el intermediario entre ese supuesto mundo infraestructural de la ley del valor y del mundo real.

Analizando el intercambio de mercancías postula la mercancía- oro como el equivalente general, la cual expresa siempre el tiempo de trabajo, por ello el dinero-mercancías (el oro) representa en el valor de cambio el tiempo de trabajo socialmente necesario. Pero esa concepción monetaria es un punto de vista ¨metalista ortodoxo¨ (Schumpeter), ni siquiera válido para el siglo 19 y hoy en día sin el patrón oro, desde los años 70, ¿qué se puede esperar de esa teoría? Y no vamos a tratar de cómo el trabajo pasado, incorporado en los medios de producción, el trabajo no vivo, ¨muerto¨, puede trasladar su valor a las mercancías concretas. Por todo lo anterior uno no puede llegar sino a la conclusión, que la teoría del valor de Marx es metafísica, especulativa y una obra de ficción que no corresponde al mundo real. No permite explicar, ni comprender el régimen de producción capitalista.

Finalmente, el presidente no tiene razón alguna, ni fundamento para ir al Dane, que cuenta con un consenso general sobre el saber de la contabilidad nacional; pierde su tiempo, cuando tiene tantas labores importantes para desarrollar. En resumen, las creencias del presidente Petro sobre la fuente de las riquezas, el valor, y el sector del comercio y sector financiero están equivocadas, son erradas.

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