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Tribuna Empresarial 19/07/2021

La inercia de emprender

Juan Esteban De Los Ríos
Gerente general C.C. Nuestro Bogotá

Ya sea para ganarse la vida, para renunciar a ser un empleado o para perseguir un sueño de hace años, el ejercicio emprendedor en Colombia pareciera no tener un remedio distinto al de intentarlo. Es una práctica terca que, por fortuna, no entiende de picos de contagios, paros nacionales o campañas electorales; simplemente, persiste y germina cuando nadie se lo espera.

Así lo evidenció Confecámaras a través de su Registro Único Empresarial y Social, al comprobar que en el primer trimestre -periodo marcado por el final de la segunda ola de contagios, las estrictas medidas sanitarias y la controversia por la vacunación- nacieron 96.035 micronegocios: 93 empresas por cada día corrido.

La cifra, que de entrada no sugiere mayor cosa, constituye 99,6% de las 96.431 unidades productivas que se crearon en total entre enero y marzo, y denota un incremento de 9,3% con respecto al mismo lapso del año pasado. Si se tiene en cuenta que el primer trimestre de 2020 tuvo dos meses en los que no se lidió directamente con la pandemia, resulta alentador encontrar que el emprendimiento ya supera ciertos datos pre pandemia.

Sin embargo, aunque el empuje del país haya resistido al covid-19, y esté mostrando señales claras de reactivación comercial en diferentes renglones productivos, es importante no dar por sentada la resiliencia de la iniciativa privada y seguir fomentando los actos de valentía empresarial.

A manera de recordatorio, de acuerdo con el reciente estudio ‘Consumer Pulse’ de la firma Bain & Company, durante mayo, el gasto de los hogares colombianos se redujo en 10% por cuenta de los impactos de la pandemia y, aunque se prevé un alza en el gasto para corto y mediano plazo, se estima que este será cerca de 20% inferior a los niveles de gasto posteriores a la crisis del covid-19.

Así las cosas, en un contexto todavía distante de la plena recuperación económica, vale la pena reflexionar acerca de las alternativas que tiene cada sector para apoyar el arte obstinado de emprender. Desde los centros comerciales, por ejemplo, además de la labor de auspiciar el proceso de vacunación en las principales ciudades del país, existen más ángulos para contribuir.

Uno de ellos, y quizá el más representativo, es el de impulsar proyectos independientes que, pese a sus primeros logros, aún no han podido dar el paso más allá del ámbito digital. Si se considera que 60% de las iniciativas no sobreviven a los primeros cinco años, según un estudio de la Cámara de Comercio de Bogotá, es claro que cualquier apoyo a los emprendimientos en las etapas iniciales sería determinante.

En ese sentido, las características de los complejos comerciales, al recibir un tráfico masivo, tener una ubicación estratégica y concentrar una oferta integral, constituyen un ecosistema ideal para la incursión de los emprendimientos en el mundo físico. En el caso de Nuestro Bogotá, se asignó un espacio exclusivo del centro comercial: el Distrito Creativo, para que los empresarios nacientes puedan acceder a los beneficios de tener una vitrina.

Con esto dicho, es fundamental que desde cada sector productivo se reconozcan las posibilidades que se tienen de contribuir al emprendimiento local. Sin bien en Colombia abunda y se da casi por inercia, nunca estará de más darle un mano extra.