Analistas

El mejor regalo

“Llegó diciembre con su alegría, mes de parrandas y animación”, dice una de las tradicionales canciones que comienzan a escucharse desde ya en emisoras, fiestas empresariales y reuniones familiares para ir preparando la Navidad y el año nuevo.

Y con la llegada de diciembre es común en nuestro país que la gran mayoría de empresas lleven a cabo iniciativas para vincularse a alguna obra social que le alegre un poco la navidad a las personas menos favorecidas. Campañas como pedirle a los proveedores que en vez de enviar los tradicionales detalles decembrinos -agendas, cuadernos, calendarios, botellas de vino, entre otros- donen a alguna fundación lo que iban a destinar a esos gastos, recoger regalos entre los colaboradores para dárselos a niños de escasos recursos o comprarle las tarjetas de navidad a alguna ONG que trabaje con población vulnerable.

Estas iniciativas, muy válidas y conmovedoras todas ellas, caen dentro del ámbito corporativo y la responsabilidad social empresarial. Sin embargo, a nivel personal y familiar la situación cambia sustancialmente pues “regalar cosas” es un procedimiento fácil y estandarizado -comprar y entregar- y nuestros familiares y seres queridos pueden estar esperando un regalo que sea verdadero fruto de nuestra generosidad y no de nuestras habilidades para conseguir los mejores descuentos por internet. Y entonces ¿qué es la generosidad? Aunque el diccionario la define como el hábito de compartir con los demás, me gusta más la definición de la Madre Teresa de Calcuta: “Dar hasta que duela y, cuando duela, dar todavía más”.

Está claro que las empresas no sienten dolor cuando dan, pero las personas sí que lo sentimos cuando damos algo que es muy valioso para nosotros, ya sea por su costo o por el esfuerzo que nos supuso conseguirlo, y puede tratarse tanto de cosas materiales como intangibles; en definitiva, cualquier renuncia duele. Acá es donde está el verdadero sentido de los regalos: cuanto más esfuerzo personal nos suponga el regalo que daremos, más felices haremos a los demás y al mismo tiempo seremos nosotros más felices. Ya lo decía el antiguo proverbio: “Hay más alegría en dar que en recibir”.

¿Qué voy a regalar en esta Navidad para hacer más felice a mis familiares y amigos? Es una muy buena pregunta que cada uno debería responder personalmente en el fondo de su corazón. Podríamos regalar más tiempo de calidad a nuestros seres queridos o cambiar algún hábito de comportamiento. Y si no se nos ocurre nada, tendremos que pensar más a fondo e incluso pedir consejo.

En una época en la que prácticamente todo se puede conseguir por internet sin tener que salir de la casa, en la que entregan a domicilio en cuestión de horas y permiten pagar en cómodas cuotas, siempre es bueno recordar aquel paradójico eslogan de una importante franquicia de tarjetas de crédito: hay cosas que el dinero no puede comprar. Y la felicidad es una de ellas.