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Dar es dar

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Juan Carlos Zuleta Acevedo - juanzule@yahoo.com Consultor en Emprendimiento e Innovación

Una de mis canciones favoritas del gran cantante argentino Fito Páez se titula igual que esta columna. La compuso a mediados de los noventa para su álbum “Euforia” y se convirtió en un éxito instantáneo del rock en español, no solo por su pegajoso ritmo sino también por su mensaje que invita a la generosidad: “Dar es dar, y no marcar las cartas, simplemente dar; dar es dar, y no explicarle a nadie, no hay nada que explicar”.

Diciembre es especial, pues está lleno de momentos para compartir en familia y que a muchos nos evoca recuerdos entrañables de nuestra infancia: la noche de las velitas, los alumbrados, la natilla y los buñuelos, la novena de aguinaldos con los villancicos y su tradicional “ven, ven, ven”, los adornos navideños, el pesebre con las figuras más grandes que las casitas y las ovejas que nunca se sostienen en pie, la carta al Niño Dios, la cena de Navidad, los “traídos”, la quema del muñeco de año viejo, la música decembrina y un largo etcétera.

Sin embargo, si hay algo característico del mes de diciembre son los sentimientos de generosidad que siempre afloran en nosotros, y que cada uno, en la medida de sus posibilidades, intenta convertir en acciones concretas para compartir con los demás, ya sean personas conocidas o desconocidas, que posiblemente necesitan nuestra cercanía y nuestro apoyo.
Inclusive, muchas veces puede ser más valioso un gesto de cariño, una sonrisa, que un detalle material por caro que sea.

La generosidad es el hábito de compartir alegremente con los demás, y para que nuestras acciones sean auténticas, deben ser desinteresadas, sin esperar nada a cambio: ni siquiera las gracias o un “me gusta”, que está tan de moda últimamente. En la medida en que esas acciones nos supongan más esfuerzo y más renuncia a nuestros gustos personales, más generosos seremos y, por ende, más felices. ¿Y quién no quiere ser feliz? La generosidad, el darse sin reservas a los demás, es el camino hacia la felicidad.

Hay un personaje de fantasía que por múltiples razones odia la navidad: el Grinch. Este ser verde, feo, peludo, envidioso, maligno, egoísta, cuyo corazón es dos veces más pequeño que lo normal, decide robar todos los regalos navideños del poblado cercano a la caverna donde vive porque no soporta ver a la gente feliz, pero al final se arrepiente y su corazón se ensancha gracias al cariño auténtico que recibe de una pequeña niña.

¿Qué impulsa a una persona a ser generosa? El amor, que no es otra cosa que a tratar a los demás como nos gustaría que nos trataran a nosotros. El amor es el sentimiento humano más noble, poderoso y transformador. Bien lo dijo Saulo de Tarso en una de sus cartas: “El amor es paciente, el amor es amable; no es envidioso, no obra con soberbia, no es ambicioso, no se alegra con la injusticia, se complace con la verdad; todo lo perdona, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

¡Una feliz navidad y un próspero año nuevo a todo el equipo del diario La República, a los lectores y sus familias!

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