sábado, 15 de febrero de 2020

Más columnas de este autor Juan Carlos Montes Cadavid

¿Puede haber una ciudad colombiana más cumbiambera, carnavalera y sabrosa que Barranquilla? Posiblemente sí, pero no una que se haya transformado para volcarse hacia el turismo como su nueva forma de vida.

Es la nueva cara de la capital del Atlántico. Una ciudad que abandonó el estigma de ser caótica, sucia y complicada, para volverse encantadora, moderna y cosmopolita.

Estuve recientemente navegando por sus comercios y avenidas y ¡Oh sorpresa! Hay una nueva ciudad repleta de atractivos turísticos, empezando por el Gran Malecón del Río, una imponente obra diseñada para dejar de darle la espalda al río Magdalena y volcarse a sus aromas matinales y brisas vespertinas.

Con más de 5 kilómetros lineales y 100.000 metros cuadrados de extensión, este malecón representa un cambio en el ordenamiento territorial de la ciudad al proponer nuevos espacios públicos que incluyen un Parque del Agua, docenas de árboles y hasta una Plaza Comercial de casi 3.000 metros cuadrados.

Para diciembre, la Alcadía instaló un gigantesco árbol navideño de 64 metros de altura con más de 70.000 luces, además de 22 figuras gigantes, entre ángeles, estrellas y campanas, así como 500 ramos de flores en luces led. Una visita realmente obligada.

Otro de los infaltables es Ventana al Mundo, un monumento público construido en 2018 para coincidir con los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se levanta en la glorieta de la Circunvalar y con la Vía 40. Pararse debajo de este impresionante obelisco multicolor construido con aluminio y vidrio es sentirse dueño del mundo. Un símbolo inolvidable que conecta el pasado de la ciudad con un futuro realmente prometedor.

Hablar de Barranquilla es referirse a un paradigma turístico por descubrir. “Una capital que ha capitalizado ese inmenso legado de artistas, músicos, reinas de belleza y deportistas para mostrarse con una nueva cara cultural, gastronómica y arquitectónica, más allá del consabido ‘sol y playa’ con que se identifica a la región Caribe”, dice Jorge Michaels, gerente general del Hotel Estelar en Alto Prado, una torre hotelera de 21 pisos y 180 habitaciones que cada vez atrae a más turistas interesados en conocer la historia de la ciudad, irse compras y de parranda.

Al mismo ritmo que Barranquilla se transforma para recibir más turistas, asimismo el Estelar Alto Prado ha incorporado nuevos servicios, incluyendo una nueva zona de picnic con servicio de pizza, al ladito de la piscina, así como una sala de juegos digitales para los ‘peques’ y una sala de exhibición de películas con todo y palomitas de maíz.

Patrimonio de sabores. Así es la mezcla de gustos exóticos con los que cuenta la gastronomía local. No joda, como dicen popularmente, cada esquina te enloquece. Pescado fresco, arroces secos y caldosos, sancocho de guandú con carne salada, trifásico con patacón y de remate arepa’e huevo y queso costeño.

No en vano fue visitada por 1.460.000 turistas entre enero y septiembre de este año, un 10% más que el mismo periodo del año anterior, según datos de la Secretaría de Cultura, Patrimonio y Turismo.

Es el resultado de fusionar una cultura desbordante, ambiente festivo y gastronomía ancestral con arquitectura vanguardista y urbanismo ordenado. Si a esto le agregamos altas dosis de cordialidad, don de gentes y sabrosura, la ecuación está completa. ¡En Barranquilla me quedo!