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Analistas 07/10/2021

El juego es colectivo

Juan Alberto Londoño Martínez
Ex viceministro de Hacienda

En los últimos días hemos visto entrar a la contienda electoral por la Presidencia de la República a distintos candidatos con inmejorables credenciales, un ramillete de personas preparadas que han demostrado a lo largo de su vida, su idoneidad, rectitud, compromiso y vocación por servirle al país. Todos quieren ofrecer mejores condiciones de vida para los colombianos y sienten que son el 10 que el país necesita. Sin embargo, todos están cayendo en el mesianismo, al creer que sólo ellos son la opción. No están viendo que este es un juego colectivo.

Lastimosamente, cuando se incurre en esta falta, se deja de pensar en país, en el equipo, en el bien colectivo. Si realmente como sociedad queremos construir un mensaje de reconciliación, unidad y desarrollo, se debe estructurar un proyecto que ocupe los distintos espacios de la vida pública, que defienda una visión de Estado, que defienda las libertades y el modelo de libre mercado.

Los proyectos políticos no pueden sustentarse en una sola persona, deben construirse en torno a un ideario de país, a un modelo de desarrollo, a unos principios y a unas reglas de juego estables, para lo cual se debe contar con un grupo de personas capacitadas para llevarlo a cabo. El país reclama desde hoy posturas claras y contundentes frente a los retos en materia social, regional, ambiental, de seguridad, fiscal y económica, centrados en la generación de empleo. Por tal motivo, se requiere un equipo que esté dispuestos a trabajar desde las distintas posiciones para defenderlo e implementarlo.

Resulta absolutamente necesario que todos estos grandes jugadores, que han mostrado su capacidad, pudieran ponerse de acuerdo en crear una gran selección. Una selección en la cual definan un candidato a la Presidencia, su equipo en el ejecutivo, así como los que acompañen las políticas de su gobierno desde el Congreso de la República.

No pretendo en este momento mostrar inclinación por ninguno de ellos, pero que bueno sería para el país y para los grandes debates que se deben llevar al Congreso tener en sus discusiones sentados a los exministros y exalcaldes que hoy están pensando en la primera magistratura, pues mostrarían su grandeza y compromiso por el país. Si ellos son capaces de zanjar diferencias y construir consensos dentro de la diferencia, podrían asegurarle al país un gobierno con todas las credenciales y un proyecto integral de país. Reunirse en torno a un programa que todos estén dispuestos a acompañar.

Con matices, y espero no equivocarme, a excepción de Gustavo Petro, quien no es un candidato con las credenciales, hay que ver su administración en Bogotá, ni comparte el modelo de sociedad y libertad que los demás promulgan. Existe una gran mayoría de personas que se identifican ante todo con la defensa y protección de la propiedad privada, el libre mercado, el manejo ortodoxo de la economía, la disciplina fiscal, la no impresión de billetes, la defensa del medio ambiente y la transición energética aprovechando los recursos hoy existentes para financiar ese cambio.

Si siguen jugando solos, el país corre el riesgo de perder el partido. No podemos permitir que a segunda vuelta pasen candidatos que no logren más de 20% de la votación, pues aseguraría la polarización que es caldo de cultivo de gran parte de los problemas y podemos terminar en segunda vuelta con candidatos sin la idoneidad, como lo hemos visto en la región.

Es mucho soñar, pero el país y la coyuntura demandan la unidad frente a las amenazas contra el modelo democrático, la propiedad privada, la defensa de las libertades individuales en la diferencia, así como el respeto por la autoridad y las instituciones. Si se unen, abandonan los personalismos y trabajan para que nuestra sociedad logre disminuir las brechas sociales, se genere empleo, se brinde nuevas oportunidades a la juventud y a las mujeres, se diversifique nuestra actividad productiva, se dé una protección del ambiente y se luche contra el cambio climático, tendríamos ilusión.