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La Fed en su laberinto

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José Ignacio López Director Ejecutivo Investigaciones Económicas en Corficolombiana

A finales del año pasado se esperaba que 2019 fuera un año de continuación en la normalización de la política monetaria de los Estados Unidos. En aquél momento existía un consenso de que la Reserva Federal subiría la tasas de interés de referencia este año al menos en 50 puntos básicos.

Este panorama empezó a cambiar en enero de este año cuando el discurso de la Fed dio un giro haciendo referencia a la mayor fragilidad de la economía mundial por cuenta de la incertidumbre de la guerra comercial entre la administración Trump y el gobierno Chino. Un nuevo consenso empezó a emerger, y desde el segundo trimestre mercados financieros y analistas esperan no una subida sino un recorte de tasas en el rango de 50 -100 puntos básicos para lo que resta del año.

En la última reunión de la Fed en junio 19, uno de los miembros con voto del comité de política monetaria, James Bullard -presidente de la Reserva Federal de St. Louis-, disintió de la decisión de tasas estables, argumentando que hubiera sido apropiado bajar las tasa de interés de corto plazo en 25 puntos básicos del actual rango de 2,25%-2,50%. En la explicación de su disenso, Bullard señaló que la inflación núcleo, la medida de inflación que no contiene precios de alimentos y energía, se encuentra 50 puntos básicos por debajo de la meta de 2% de inflación. Adicionalmente, Bullard manifestó que las perspectivas de crecimiento económico se han empeorado, lo que justifica un recorte de tasas como una medida preventiva frente a un panorama de mayor incertidumbre.

Los ojos del mundo financiero están puestos en la próxima reunión de la Fed a finales de este mes. El nuevo consenso sugiere que podría haber un recorte de tasa de 25 puntos básicos en dicha reunión. Los mercados ya han “comprado” este pronóstico y los precios de los activos, tanto en Estados Unidos como en Colombia ya reflejan anticipadamente un temprano recorte de tasas. En las últimas semanas el flujo de inversión hacia países emergentes ha venido en aumento, mientras las monedas emergentes, como el peso, se han apreciado.

Más allá de la discusión económica, está en el ambiente la presión del presidente Trump, que en varias ocasiones ha manifestado públicamente que la Fed debería bajar tasas. En época electoral a Trump le interesa que la economía de Estados Unidos siga en su actual fase de expansión - la más larga de su historia- y un recorte de tasas le serviría para dicho propósito.

Si bien la guerra comercial entre Estados Unidos y China ha tenido un efecto negativo en la economía norteamericana, el efecto hasta el momento en las cifras de crecimiento ha sido moderado y nulo en el mercado laboral. Un recorte de tasas como medida de precaución (insurance cut) es una acción de política riesgosa, ya que hasta que los datos de crecimiento no muestren un deterioro más claro una baja de tasas podría interpretarse como una concesión de la Fed con la administración Trump o con los mercados financieros que justifican parte de su euforia en menores tasas.

Si los datos de crecimiento e inflación, que serán conocidos el 26 y 30 julio, sorprenden positivamente, la Fed no tendrá argumentos para sustentar un recorte de tasas en su reunión de fin de mes, lo cual puede generar una decepción en los mercados. Por otro lado, un recorte injustificado podría poner en riesgo la credibilidad de la Fed, su más activo más valioso.

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