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Innovación y disrupción

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La industria de taxis, desde sus comienzos en la Europa de carruajes del Siglo XVII, ha sido fuertemente regulada. Dicha regulación ha permitido garantizar ciertos estándares, pero también ha limitado la competencia. En las grandes metrópolis, además de las barreras regulatorias, el conocimiento específico de la ciudad -sus calles y atajos-, ha servido para disuadir la entrada a la profesión de taxista. El ejemplo más claro es el examen de conocimiento de Londres (The Knowledge of London), una prueba de 150 años de antigüedad donde los aspirantes a conducir taxis tienen que memorizar los nombres de aproximadamente 28.000 de las serpenteantes calles de la ciudad.

Este examen, así como buena parte del capital humano asociado a la profesión de taxista, ha sido puesto en jaque por la nueva tecnología. Waze, la aplicación de fácil uso y acceso, permite que cualquier novato siga paso a paso instrucciones para llegar a su destino. Waze no sustituye por completo el conocimiento de un experimentado conductor – de hecho en nuestras ciudades, la inseguridad de ciertas zonas o la calidad de las vías son un factor que está por fuera del dominio de la aplicación. No obstante, para la mayoría de trayectos y circunstancias, Waze es buen sustituto de un conductor experimentado. Aún más, gracias a que la plataforma permite retroalimentación constante de los usuarios, Waze puede ser una herramienta incluso más útil a la hora de decidir una ruta que el criterio más juicioso del mejor de los conductores. Como puede verse esta es una innovación disruptiva que deja obsoleto el capital humano de muchos conductores y abre las puertas a la competencia. En 2006, cuando se creó el proyecto comunitario FreeMap Israel, con el objetivo de crear un mapa de Israel en Hebreo, que dos años después se convirtió en Waze (un juego con la palabra ways -vías en inglés), era difícil anticipar el poder disruptivo que tendría este proyecto.

El examen para aspirar a ser taxista en Londres se sigue administrando, pero gracias a Waze, Uber ha podido convertir a cualquier conductor novato en un competidor. En Londres, como en Bogotá, París y muchas otras ciudades, la industria de taxis se enfrenta a una fuerte competencia de Uber y otras plataformas, que utilizan Waze. En todas estas ciudades, la industria de taxis ha respondido con alegatos judiciales, presiones y manifestaciones para impedir la competencia. Muchas ciudades han dado vía libre a esta nueva forma de competencia. Otras han declarado el servicio ilegal. No obstante, los esfuerzos jurídicos por impedir la entrada de plataformas de transporte se han encontrado con una realidad transformada por la tecnología que hace prácticamente imposible impedir este tipo de competencia.

El caso de tecnología disruptiva, como Waze y Uber, pone de presente la importancia de diseñar e implementar programas sociales que permitan a los trabajadores adaptarse a las cambiantes condiciones de tal forma que puedan acumular capital humano en nuevas profesiones o tareas. Tratar de interrumpir la disrupción causada por el cambio tecnológico no solo puede terminar siendo inútil, sino que también tiene un efecto negativo en la dinámica económica. Para este caso, así como para muchos otros, es importante que los gobiernos impulsen programas pare entender los efectos del cambio tecnológico en las profesiones y el mercado laboral.

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