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El Dane y sus cifras

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En las últimas semanas el Dane dio a conocer las cifras de crecimiento económico de 2018 y la revisión de 2017, las cifras de empleo de enero y la inflación de febrero de este año. El panorama general que sugieren estas cifras va en línea con las expectativas de los analistas: la economía se está recuperando, la inflación se mantiene controlada y la creación de empleo todavía no repunta. No obstante, cada una de estas publicaciones estuvo acompañada de alguna sorpresa. Dichas sorpresas han puesto a la oficina de estadística en el ojo del huracán.

Algunas de las críticas al Dane son injustificadas. Por ejemplo, la revisión a la baja del crecimiento del PIB para 2017 de 1,8% a 1,4%, no es inusual en nuestra historia de revisiones de cifras y corresponde al cambio metodológico de las cuentas nacionales – que cuando ha ocurrido en otros países ha tenido efectos similares-, y al quehacer habitual del Dane que para producir cifras preliminares recurre a información parcial y supuestos que luego tienen que ser revisados.

Otras dudas, por el contrario, tienen mejor sustento. Más allá de problemas logísticos puntuales, como el aplazamiento de la fecha de publicación del PIB o información errada, como lo fue el de las cifras del PIB por sus componentes de gasto, que se corrigió el mismo día de la publicación, el Dane tiene un espacio grande para mejorar.

El Dane debe hacer un mayor esfuerzo en explicar la metodología estadística detrás de sus cifras y dejar las interpretaciones y explicaciones económicas de los datos a los analistas. Adicionalmente, el Departamento estadístico debería aumentar el nivel de detalle y alcance de sus cifras. El mejor antídoto frente a las críticas es la publicación de cifras más detalladas.

Menciono tres ejemplos. En la cifras del PIB para el cuarto trimestre de 2018, se observa que el cambio en inventarios tuvo un aporte importante de 0,4 puntos porcentuales al crecimiento. Las cifras del Dane no reportan explícitamente el valor del cambio en inventarios -debe ser inferido por los analistas. Adicionalmente, el Dane no provee información sobre la composición sectorial de los inventarios, como si lo hacen agencias de otros países. Sin esa información, resulta difícil hacer un análisis juicioso que permita discutir el efecto que tendría la venta de dichos inventarios en el crecimiento económico de este año.

Otro ejemplo. Las cifras del IPC de los dos primeros meses de este año no son comparables a las del año pasado por el cambio metodológico. Sin entrar en tecnicismos, la cifra de la inflación anual de 3,01% reportada en febrero no puede reconstruirse a partir de sus componentes con los datos del Dane. Es un acto de fe. Y esto ocurre porque, a diferencia de otras agencias estadísticas que cuando cambian la canasta de consumo producen cifras con la vieja y nueva canasta, el Dane no hizo el empalme necesario.

Finalmente, las cifras del Dane muestran que la tasa de desempleo que alcanzó 12,8% en enero se explica en su mayoría por un menor crecimiento del empleo. En otros países, como Estados Unidos, las cifras de empleo se produce con base en dos fuentes: encuestas de hogares y cifras de nómina de las empresas. El Dane está en mora de publicar cifras de nómina (usando la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes – PILA) y aplicar un ajuste estacional a las cifras de empleo.

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