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Analistas 15/09/2021

Mercado secundario del espectro

José F. Otero
Vicepresidente para Latinoamérica y el Caribe de 5G Américas

Los avances tecnológicos de las pasadas tres décadas, junto a la evolución de los modelos de negocios de los proveedores de servicio de telecomunicaciones, han convertido al teléfono celular en el medio de comunicación más importante del mundo.

Lo que comenzó en 1994 en Colombia como un servicio de nicho se ha popularizado tanto que ya existen más líneas móviles conectadas en el país que colombianos. El celular pasó de ser el dispositivo que nos permitía hablar a ser la puerta a ese mundo tan complejo y diverso llamado el internet.

El avance del servicio celular no se ha dado en un vacío. Desde la consolidación de las antiguas tres regiones en que se dividía Colombia originalmente en redes nacionales con cobertura en todos los municipios del país, el abaratamiento de las tarifas a los usuarios y la diversificación de servicios ofrecidos por los operadores.

Todo lo anterior gracias a los miles de millones de pesos colombianos invertidos en el mercado por las empresas de telecomunicaciones de capital público, privado y mixto que operan en el país.

El avance de las redes celulares, como de toda red inalámbrica, depende directamente de un insumo esencial: espectro radioeléctrico. La administración apropiada de este activo del mercado es la que ha permitido la llegada de nuevas tecnologías móviles al país y junto a ellas la continua innovación de los servicios prestados a los consumidores.

De esta forma, un usuario de 4G que utiliza constantemente las redes sociales y se comunica con videollamadas, apenas se puede acordar de la Colombia donde se timbraba para avisar que se estaba llegando a un lugar, se preferían los mensajes de texto y la gran cantidad de personas vendiendo minutos en la calle era evidencia de los altos precios del servicio.

No obstante, la llegada de nuevas tecnologías como 5G requiere una mayor asignación de espectro radioeléctrico en diferentes frecuencias, permitiendo de esta manera que los operadores puedan combinar las ventajas en cobertura geográfica de las bandas bajas con la capacidad de transportar grandes cantidades de datos que ofrecen las bandas milimétricas.

Precisamente, es en esta creciente importancia del espectro radioeléctrico, en un mundo que se dirige a la hiperconectividad, la que exige la transformación digital; en la que se deben revisar las reglas existentes de gerenciamiento de este insumo para hacerlo más dinámico y eficiente. Una de estas alternativas es el establecimiento de un mercado secundario para la compra/venta de espectro radioeléctrico que permita a las empresas solucionar problemas de manera más rápida y eficiente por medio de una negociación que genere mutuo beneficio.

La asignación de espectro radioeléctrico, al hacerse por medio de bloques de tamaño predeterminado, puede crear una situación en la que un operador tiene concesionado mucho más espectro del que necesita, mientras su competidor pasa por una situación inversa. Una transacción, supervisada por el marco normativo que impone el gobierno para este fin, entre estos operadores crea incentivos para que haya una transacción u otro tipo de intercambio entre las partes interesadas.

Lo anterior no es un proceso novedoso, al contrario, es bastante común en mercados como Australia, Estados Unidos o los miembros de la Unión Europea. En América Latina hace más de quince años que encontramos ejemplos de transacciones de espectro secundario en Brasil, Chile, Ecuador, México y Perú.

Mirando a Colombia, vemos que la venta de espectro está autorizada por la Ley de 1978 de 2019, siempre y cuando reciba la autorización previa del Ministerio de las Tecnologías de Información y Comunicaciones.
Establecer una normativa ágil, clara y moderna que impulse las transacciones de espectro secundario sirve para incrementar la eficiencia en la utilización de este insumo y, como consecuencia, acelerar la innovación tecnológica.