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Analistas 26/04/2019

Ruralizar la conciencia urbana

Jorge Iván González
Profesor de U. Nacional y Externado

Los habitantes de la ciudad tenemos que ruralizar la conciencia, y entender que la dinámica urbana únicamente es sostenible si se respeta el territorio. La sostenibilidad ha ido adquiriendo relevancia en los últimos años. En el plan de desarrollo Pacto por Colombia, Pacto por la Equidad, se menciona la sostenibilidad unas 186 veces, y la mayoría se refiere a la sostenibilidad ambiental. Esta cifra es relevante y, sin duda, expresa una buena voluntad. Cuando Colombia aceptó participar en la Ocde reconoció la importancia del crecimiento verde. Y se comprometió a avanzar en esta dirección. No obstante las declaraciones a favor de la sostenibilidad, las acciones que se han tomado son muy tímidas. Así lo reconoce el informe de Planeación Nacional sobre el crecimiento verde. Y una de las mayores dificultades tiene que ver con la financiación.

Todavía no se han valorado los altísimos costos de la sostenibilidad. No se trata solamente de requerimientos inmediatos, como la atención a fenómenos naturales que se presentan todos los días, sino también y, sobre todo, de proyectos de mediano y largo plazo, como la protección de las cuencas, la descontaminación de los ríos, la lucha contra la desforestación, y el cambio sustantivo de la matriz energética. Cuando se costean estas necesidades, las cifras son astronómicas. Por ejemplo, la primera etapa de la descontaminación del río Bogotá puede valer 10 billones de pesos. Este valor supera todos los ingresos tributarios de Bogotá durante un año. Si a ello se le suma la conservación de las cuencas, la reubicación de las familias que viven en zonas de riesgo, el subsidio a energías alternativas (paneles solares, molinos de vientos, etc.), la necesidad de recursos aumenta de manera exponencial.

Hasta ahora las propuestas de financiación en Colombia, y en el mundo, han sido temerosas. Los impuestos al carbono y los bonos de carbono son recursos con enormes potencialidades, pero todavía no son tan relevantes. Con la reforma tributaria de finales de 2016 el gobierno nacional puso en marcha el impuesto al carbono. En el primer año el recaudo fue de $476.000 millones. La tarifa de US$5 por tonelada de carbono es muy baja y, como dice Stiglitz, no es suficiente para modificar la matriz energética. En su opinión, en el 2020 la tarifa mundial debería oscilar entre US$40 y US$80 por tonelada, y en el 2030 tendría que subir al rango de US$50-US$100.

Los teóricos del crecimiento verde consideran que las dinámicas endógenas que se desprenden de los procesos que llevan al cambio de la matriz energética terminan siendo autosostenibles. Pero mientras se llega allí, y se logra dar el salto hacia el crecimiento verde, se requiere una inyección importante de recursos. Y la primera fuente debe provenir de la participación de los gobiernos urbanos en las rentas generadas por el urbanismo y el ordenamiento del territorio. En el análisis de las aglomeraciones que se incluye en el Plan de Desarrollo, se muestra que entre la ciudad y su territorio hay un continuum. Puesto que la sostenibilidad de las urbes depende de su territorio, las ciudades grandes e intermedias, deben ser los principales financiadores del crecimiento verde. Sin estos recursos no es posible conservar la biodiversidad del país. Y para que este proceso avance, es necesario ruralizar la conciencia urbana.

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