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Obama y Keynes

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En su discurso sobre el Estado de la Unión, el presidente Obama mostró con un tono optimista el éxito de la recuperación de la economía de los Estados Unidos. La tasa de crecimiento ha aumentado y el empleo es dinámico. En palabras de Obama, la economía ya está al otro lado y entró en una senda de desarrollo sostenible. Y los logros se han reflejado en un aumento del salario real y en un mejoramiento de la calidad de vida de las familias. El Presidente mostró, además, que el crecimiento se podría irrigar mucho más al conjunto de la población, si se hacen esfuerzos fiscales por mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza.

Una de las razones que explica el éxito de la economía de los Estados Unidos ha sido su decidido keynesianismo. La política económica norteamericana siempre ha recurrido al keynesianismo de manera pragmática, así que cuando se ha considerado conveniente que el Estado intervenga, se ha optado por este camino sin ninguna duda. En los últimos años la fórmula tuvo tres componentes: flexibilización monetaria, subsidios directos e inversión pública.

La flexibilización monetaria fue radical. El manejo del dólar se hizo teniendo como objetivo último la recuperación de la actividad económica. Esta flexibilización tuvo dos consecuencias. La primera fue la disminución de la tasa de interés y la segunda fue la devaluación del dólar. Ambos mecanismos fueron exitosos. El primero favoreció la inversión física y estimuló la compra de acciones. La tasa de interés de referencia, que es la de los bonos del tesoro de los Estados Unidos se redujo hasta el 0,25% año. Este nivel tan reducido haló hacia abajo las demás tasas de interés. El segundo fue el impulso de las exportaciones norteamericanas y el fortalecimiento de la competitividad.

Los subsidios directos permitieron resolver parte de la deuda hipotecaria y estimular a empresas que se consideran líderes, como la automovilística. Estas ayudas de choque facilitaron el arranque de las empresas. Ha sido mucho más difícil y costoso estimular al sector financiero que a las empresas productoras de bienes.

Y el tercer componente de la estrategia ha sido la inversión pública en infraestructura como vías y escuelas. Para que el Estado favorece la dinámica de la actividad económica se requiere que la inversión pública no se disperse.

El balance de los resultados de la estrategia keynesiana ha sido positivo. Efectivamente la economía de los Estados Unidos se ha recuperado. El examen de los instrumentos debería ser un punto de referencia para la política económica colombiana. Después del gobierno de Samper se ha dejado de lado la vía keynesiana al desarrollo. Apenas ahora, y de manera tímida, se está aceptando que la inversión pública en infraestructura puede ser un importante incentivo al desarrollo. Las informaciones recientes sobre la dinámica del PIB muestran que la construcción pública ha sido determinante. La caída del precio del petróleo y de los minerales debe ser la oportunidad para que la política económica en Colombia vuelva a darle importancia al mercado interno. En este proceso la devaluación del peso ayuda porque las importaciones disminuyen. Uno de los problemas que ha tenido la inversión pública en Colombia ha sido la dispersión. La concentración de los recursos es fundamental. Desde esta perspectiva es importante que los recursos de las regalías se orienten mejor y, además, es fundamental que la modernización del campo y su articulación con las ciudades, se conciba desde una óptica que busque consolidar el mercado interno.

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