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La baja presión fiscal

La presión fiscal es la relación entre los impuestos y el PIB (impuestos/PIB). La presión fiscal en Colombia es muy baja porque con respecto al tamaño de la economía, en el país se pagan muy pocos impuestos. En el último Panorama Fiscal de América Latina y el Caribe, la Cepal compara la presión fiscal de diferentes países. 

En Colombia los ingresos tributarios, incluyendo la seguridad social, equivalen al 18,1% del PIB. En Brasil la proporción es de 34,8%, y en Argentina de 34,9%. La presión fiscal en Colombia apenas si llega a la mitad de la de otros países de América Latina. Estas comparaciones muestran que el nivel de tributación en Colombia es muy bajo. A pesar de estas evidencias, es usual escuchar que en el país los impuestos son altos. Esta apreciación ha hecho carrera sin que se haya demostrado de manera sólida.

La baja tributación tiene, por lo menos, cinco consecuencias negativas.

Primero, no permite que el Estado ofrezca de manera adecuada los bienes públicos, y por la falta de recursos no se puede aumentar la cobertura ni mejorar la calidad. La educación, la salud, la ciencia y la tecnología, la protección ambiental, la mitigación y la adaptación al cambio climático y, en fin, numerosos bienes públicos exigen un monto de recursos cada vez mayor.

Segundo, obliga a crear diversas modalidades de financiación, que más allá de la consecución inmediata de recursos, no responden a criterios claros de equidad y progresividad. Los cobros son de muy heterogéneos: peajes en las carreteras, copagos en salud, tarifas diferenciales en servicios públicos, estampillas de toda índole, etc. En los países que tienen una alta presión fiscal, el ciudadano paga impuestos, y no se le continúan haciendo cobros en cada esquina.

Tercero, no favorece la productividad de las empresas. El impacto de los tributos en la competitividad es uno de los temas de mayor discusión. Desde el punto de vista lógico es evidente que los impuestos no deben tener un impacto negativo en la productividad y en la competitividad. En la perspectiva de Keynes, que parece haberse olvidado, los impuestos favorecen la dinámica empresarial ya que la inversión y los servicios públicos se reflejan en una mayor productividad. Gracias a los impuestos la sociedad puede contar con buenas vías, transporte, seguridad, educación, salud, etc. Y estos bienes públicos se reflejan en mejores niveles de eficiencia. Este enfoque de largo plazo ha perdido relevancia frente a las apreciaciones miopes, que asocian los mayores impuestos a una disminución de la ganancia.

Cuarto, no favorece la equidad. Si se quieren lograr avances significativos en la lucha contra la desigualdad, es indispensable mejorar la tributación de manera progresiva. La distribución del ingreso no se mejora solamente por la vía del gasto. Es indispensable que la tributación sea progresiva.

Quinto, contribuye a la lucha contra la pobreza. El combate a la pobreza será más definitivo en la medida en que el crecimiento esté acompañado de una mejor distribución del ingreso y de la riqueza.

A partir del diagnóstico de la Cepal es claro que los niveles de tributación de Colombia son bajos y, además, que los menores impuestos no favorecen el crecimiento. Si los países que nos sirven de ejemplo en bienestar, innovación, productividad y competitividad, como los de la Ocde, tienen una presión fiscal que supera en más del doble a la de Colombia, no tiene sentido continuar desconociendo las bondades derivadas de los mayores impuestos.