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Incoherencias alemanas

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Alemania que insiste en humillar a Grecia, olvida el tratamiento benevolente que se le dio a su deuda después de la Segunda Guerra, cuando se firmó el Acuerdo de Londres el 27 de febrero de 1953. Los aliados trataron con guante de seda a su antiguo enemigo. En las actuales negociaciones, Tsipras a traído a colación el Acuerdo de Londres. Este tratamiento amable contrasta con la forma como se ha presionado a Grecia, obligándola a que continúe con sus programas de austeridad. Entre 2008 y 2015 el gobierno griego redujo en 20% el gasto público.

En virtud del Acuerdo de Londres, a Alemania se le hizo un descuento, entre 50% y el 75% de su deuda. Y para que pudiera pagar el resto, se fijaron tasas de interés relativamente bajas, inferiores a 5%. Además, el período de gracia y los plazos se ampliaron. El valor del servicio de la deuda se determinó en función de la dinámica de sus exportaciones. Se buscaba que los compromisos de pago no ahogaran la recuperación de la economía. La relación entre servicio de la deuda y exportaciones se mantuvo en niveles muy bajos, y nunca superó 4,2%. 

Este coeficiente tan reducido permitía que los ingresos obtenidos a través de las exportaciones pudieran estimular la dinámica de la economía. En Grecia el servicio de la deuda ha llegado a ser 30% de las exportaciones. Para tener otra referencia, en Ecuador en 2001 la relación fue de 44%. Cuando el costo de la deuda se vuelve tan oneroso, es muy difícil entrar en una senda de crecimiento sostenido. La reconstrucción alemana fue posible, entre otras razones, porque no se ahogó la economía con un servicio de la deuda elevado.

El sistema financiero no solo ha sido generoso con Alemania. También lo fue con Indonesia en 1971, con Polonia en los años ochenta, con Egipto en 1991, con Pakistán en el 2001. En cada una de estas situaciones había razones geopolíticas para tratar con suavidad a los deudores.

Estos días varios analistas han propuesto la realización de una conferencia internacional que discuta el asunto de la deuda. El caso de Grecia apenas es el punto de partida de la reflexión. El crecimiento de la deuda pública en los países de la Ocde ha alcanzado niveles sin precedentes. En 2014, la relación entre el saldo de la deuda pública y el PIB era de 102% en Estados Unidos, de 101% en Gran Bretaña, de 78% en Alemania, de 100% en Francia, de 149% en Italia, de 180% en Grecia, de 105% en España. Estos porcentajes son muy altos. Para tener un punto de referencia, cuando Argentina firmó el Plan Brady en 1993, su deuda era equivalente a 28% del PIB, y se ponía el grito en el cielo por la gravedad de la crisis latinoamericana. Los indicadores de la deuda en los países de la Ocde han superado los niveles que antes se consideraban razonables. Y como lo señala el último informe del Banco de Pagos Internacionales, la situación continúa agravándose, ya que el saldo de la deuda pública con respecto al PIB sigue creciendo en la mayoría de los países.

En lugar de continuar señalando a los griegos como los culpables de la crisis de la zona euro, sería mejor que se citara a una conferencia sobre la deuda, y que la reflexión comenzara examinando la situación del conjunto de países de la Ocde y de Estados Unidos. Los indicadores hicieron sonar las alarmas hace más de 10 años. El actual estado de cosas es insostenible. Y, mientras tanto, Alemania se niega a recordar, y mantiene una actitud inconsecuente con su pasado.
 

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