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Analistas 17/12/2021

Enclaustrados

Jorge Iván González
Profesor Universidades Nacional y Externado

Hace dos días, Cecilia López escribió en La República un artículo “¿Por que no se cuestionan? Muestra que el grupo de economistas que el 13 de diciembre publicó la carta abierta a candidatos y precandidatos a la presidencia, se niega a poner en tela de juicio “ese modelo de política económica ortodoxa que han defendido e implementado en muchos casos como altos funcionarios públicos”. La indignación de López es pertinente, y abre un debate fundamental. Siguiendo esta línea de argumentación, vale la pena recordar la frase de Keynes, refiriéndose a los economistas clásicos que lo antecedieron: “sus enseñanzas engañan y son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos reales”.

Los colegas que firmaron la carta no se cuestionan porque examinan la realidad a partir de principios analíticos equivocados. Sus apriori, que son falsos, no les permiten proponer alternativas que permitan superar los males estructurales de la economía colombiana.

No es cierto, como dice la carta, que el diagnóstico propuesto sea aceptado por todos los candidatos. Se equivocan, ya que la “orientación ideológica del candidato” sí determina la visión de los problemas y sus jerarquías.

Los estudios que se citan en la carta no reflejan la heterogeneidad de visiones del pensamiento económico. Estas investigaciones apenas representan la visión de un grupo reducido de colegas. Los firmantes no salen de su claustro.

En el diagnóstico se reconoce que el saldo de la deuda pública sigue creciendo. Pero de allí no se saca la conclusión obvia: la regla fiscal ha sido un fracaso.

La lucha contra la informalidad se ha convertido en un eslogan vacío. Se la considera la causa principal de numerosos males. El afán de “formalizar” es similar a la angustia que anima la búsqueda del santo Grial.

Se sigue repitiendo que la causa del desempleo son los impuestos a la nómina. Este es el diagnóstico de la Misión de Empleo del gobierno. En la carta no se hace ninguna mención a otras concepciones del mercado laboral. Se dejan de lado las recomendaciones que hizo la Misión Alternativa de Empleo, conformada por organizaciones sociales, sindicatos y académicos, que tienen una concepción de las dinámicas del empleo es completamente diferente a la de los firmantes de la carta.

Es cierto que la tributación es baja, pero no se insiste en impuestos progresivos, que efectivamente lleven a mejorar la distribución de la riqueza. Tampoco se observa preocupación por la escandalosa concentración de la tierra. Otra vez, los estudios que se mencionan son muy restringidos. Se desconocen investigaciones recientes sobre la desigualdad, como los de Luis Jorge Garay y Jorge Espitia.

La mención que se hace a la transición energética es muy débil. Este asunto debería ser el eje de un modelo de desarrollo alternativo. No se reconoce que para cambiar la situación actual es indispensable el liderazgo del Estado. Además, la financiación de la transformación energética obliga a replantear de manera sustantiva el papel actual del Banco de la República.

En la carta se reconoce que hay comportamientos monopólicos, pero no se cuestiona la concentración en el sector financiero, en los medios de comunicación, en el ahorro pensional (Porvenir y Protección), en la producción farmacéutica, etc.

Y el principal problema de la carta es que, desde su claustro, los firmantes insisten en imponer un pensamiento único.