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Dirigir sin remar

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En 1998 Tony Blair y Gerhard Schröder publicaron Europa: La Tercera Vía. Para Santos II la Tercera Vía tiene varias ventajas. Primero, le permite mostrarle a los electores de izquierda que su visión de la sociedad es abierta, y que nunca ha aceptado, ni aceptará, las recetas “neoliberales”. Segundo, no tiene que renunciar a discursos anteriores, porque siempre ha sido un defensor de la Tercera Vía. Y, tercero, las ambigüedades de la Tercera Vía le ayudan al Presidente a avanzar ligeramente hacia el centro izquierda, sin tener que modificar los postulados básicos de su primera administración.

La Tercera Vía es un comodín que permite mil interpretaciones. En el texto de Blair y Schröder se dice, por ejemplo, que “el Estado no debería remar, sino dirigir”. Y como esta frase admite lecturas diversas, Santos (en las versiones I y II) puede mostrar que sus políticas económicas son compatibles con esta función rectora del Estado. Es igualmente engañosa la afirmación: “apoyamos una economía de mercado, no una sociedad de mercado”. Este discurso únicamente se podría concretar después de definir qué es el mercado y qué se entiende por sociedad.

El manifiesto de Blair y Schröder enmarca el proyecto de la Tercera Vía en de los planteamientos de la socialdemocracia. En gracia de la discusión supongamos que Santos II seguirá juiciosamente algunos de los postulados centrales de la Tercera Vía. En el documento de Blair y Schröder se plantean retos ambiciosos: i) “La tarea más importante de la modernización es la inversión en capital humano”. Para ser consecuente, Santos II debe aumentar considerablemente el presupuesto para la educación, la ciencia y la tecnología, y acercarlo a los niveles a donde lo han llevado los países desarrollados. ii) El mercado laboral debe ser “flexible” pero garantizando “los estándares sociales mínimos”. La socialdemocracia europea es consecuente con el Estado del Bienestar, así que los mínimos suponen la eliminación de la pobreza. iii) Responsabilidad ambiental. Las locomotoras mineras han sido irrespetuosas con el ambiente. Santos II tendría que anunciar un plan agresivo de recuperación de cuencas – comenzando por la del río Bogotá – y protección de páramos. iv) Los mayores gastos que requiere la seguridad social universal se tienen que financiar con impuestos más altos. Desde la lógica de la Tercera Vía es absolutamente claro que la seguridad social tiene que ser universal, y que el Estado del Bienestar “no se desmonta” sino que se “moderniza”. v) “Una infraestructura pública moderna y eficiente, que incluya una base científica sólida” es un aspecto esencial para la generación de empleo. El atraso que tiene el país en infraestructura es inaceptable. vi) Estímulo a la pequeña y mediana industria. En Colombia el principal obstáculo es el costo del crédito. Y el segundo es la revaluación del peso, que impulsa las importaciones. Santos II debería mostrar su desacuerdo con la decisión que tomó el Banco de la República de aumentar la tasa de interés porque los dólares siguen entrando y la revaluación se acentúa. vii) Dirección y control del Estado. Para la Tercera Vía es claro que el Estado no debe remar, pero sí debe tener la autoridad para dirigir. En Colombia la regulación es débil, y los abusos de los privados son evidentes. El Estado ha sido capturado y no puede dirigir. Las grandes multinacionales (de la minería, del petróleo, de las comunicaciones, del sector financiero…) siguen imponiendo sus condiciones. 

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