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A bailar vals con las reservas

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La devaluación ha encarecido el valor en pesos de la deuda externa. Tanto el Gobierno como el sector privado han sufrido las consecuencias del incremento en el precio del dólar, y ahora se necesitan más pesos para poder responder por sus obligaciones con el exterior. Este es el lado negativo de la devaluación. Pero existe una cara amable que se debe mirar con más cuidado: la devaluación ha aumentado de manera significativa el valor de las reservas en pesos. En un año, entre diciembre de 2013 y diciembre de 2014, el valor de las reservas creció $29,1 billones, y su monto total llegó a $113,3 billones. Durante  2015 el valor en pesos siguió aumentando.

Actualmente, la mayoría de las reservas están colocadas en bonos del Tesoro de los Estados Unidos con un rendimiento ínfimo. En 2014 la rentabilidad promedio apenas fue de 0,15% año. La decisión del Banco de la República de no tocar las reservas, tiene costos fiscales muy altos. De acuerdo con el Marco Fiscal de Mediano Plazo, durante 2015 los intereses que pagará el gobierno nacional central, por deuda interna y externa, serán de $20,8 billones. El monto subiría a $24,4 billones en 2016. Para entender la magnitud de estas cifras, basta comparar con la inversión estimada para 2016, que será de $15,6 billones. Parte de los recursos destinados a pagar intereses se podrían destinar a la inversión, si el manejo de las reservas fuera diferente. Es absurdo que el país se endeude caro teniendo reservas disponibles que rinden muy poco. Esta asimetría no es comprensible. Si una parte de las reservas se utiliza para pagar deuda externa, se liberan recursos que se pueden destinar a la inversión y al desarrollo de infraestructura.

La discusión sobre la utilización de las reservas para el pago de deuda no es nueva. En su momento, dos contralores plantearon el debate de manera abierta: Julio César Turbay y Antonio Hernández. En un entrevista que le hizo El Tiempo el 1° de noviembre de 2003, Hernández decía que el Emisor no debe bailar mapalé con las reservas, pero sí puede moverse con suavidad, a ritmo de vals.

Los dos contralores proponían mecanismos diversos para utilizar las reservas. Por fuera de la ortodoxia, las fórmulas alternativas son muy variadas. Hernández decía “… si el Banco compra TES en el mercado secundario, ¿por qué no puede comprar bonos de deuda externa sin poner en peligro las reservas?”. Obviamente, continuaba, no se trata de utilizar el 30% o el 50% de las reservas, pero sí “algo entre el 10% y el 15%”. En la entrevista mencionada explica los detalles de la operación. En un artículo que publicó Turbay en Economía Colombiana (No. 319, julio 2007), titulado “La Oportunidad de Prepago de la Deuda Externa”, también encuentra caminos. Uno de ellos es la emisión de TES B que adquiere el Banco de la República a cambio de reservas internacionales. 

Otra alternativa, continúa Turbay, sería que el Emisor le traspase una determinada cantidad de reservas internacionales al Gobierno para que éste pague deuda externa. La operación estaría respaldada por un TES a largo plazo. Y “… el espacio fiscal generado por la operación se manejaría para crear un fondo de estabilización o de ahorro, vigilado por estamentos independientes del gobierno, destinados a la inversión pública estratégica”. En lugar de dar espacio para que estos debates avancen, el Banco de la República se encierra en la “austeridad inteligente”.

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