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Analistas 05/08/2026

Al oído del gobierno de De la Espriella

Jorge Iván Gómez Osorio
Profesor del Inalde Business School
Jorge Iván Gómez Osorio

Jorge Iván Gómez Osorio, Profesor del Inalde Business School

Foto: Jorge Iván Gómez Osorio

El presidente electo Abelardo de la Espriella no se ha posesionado, pero ya ha mostrado prioridades. Ha anunciado decretos para sus primeros días, medidas de austeridad y seguridad, y una reorganización del Estado. Quiere imprimir velocidad, austeridad y capacidad de ejecución. Muchos colombianos valoran que hable de orden, resultados y responsabilidad fiscal.

Gobernar, sin embargo, no consiste en responder rápidamente a los problemas recibidos. También exige definir un rumbo. Los anuncios revelan prioridades inmediatas, pero al mismo tiempo es necesario pensar con claridad sobre la Colombia de 2030 o 2040.

Este desafío se conoce como ambidestreza estratégica: ejecutar con rigor el presente y construir las capacidades para el futuro. Como quien utiliza ambas manos, una organización debe explotar lo que sabe hacer y explorar lo que necesita aprender.

Explotar el presente significa aprovechar las capacidades existentes. En una empresa supone aumentar la productividad, controlar costos y proteger la caja; en un gobierno, recuperar la seguridad, ordenar las finanzas, ejecutar mejor y lograr que las instituciones funcionen.

Explorar el futuro implica prepararse para desafíos sin presión inmediata, pero decisivos para la prosperidad: inteligencia artificial, innovación, biotecnología, sostenibilidad, transición energética, formación del talento, cambio climático, longevidad y transformación del empleo. El riesgo es que lo urgente absorba la atención.
La ambidestreza puede organizar la agenda gubernamental mediante tres horizontes (H1, H2, H3).
El H1 debe recuperar las capacidades del Estado: seguridad, salud, energía, infraestructura, disciplina fiscal y ejecución. Debe medirse por reducciones de homicidios y extorsiones, atención efectiva en salud, productividad del gasto, estabilidad energética y disciplina fiscal.

El H2 debe reunir iniciativas capaces de convertirse en motores de crecimiento durante los próximos cuatro años: turismo, agroindustria, exportaciones de servicios, vivienda, infraestructura digital, nearshoring y desarrollo regional. Estas apuestas necesitan responsables, recursos, metas y seguimiento presidencial.
El H3 debe sembrar las capacidades que Colombia requerirá en las próximas décadas. ¿Cómo preparar a los jóvenes para trabajar con inteligencia artificial? ¿Qué sistema de salud sostendrá una población más longeva? ¿Cuál será nuestro lugar en la nueva economía energética? ¿Qué instituciones permitirán competir en 2040? Estas preguntas exigen acuerdos nacionales, experimentación, servidores preparados y políticas que sobrevivan a los gobiernos.

Cada horizonte requiere métricas distintas. El primero debe demostrar eficiencia y resultados; el segundo, crecimiento y capacidad de escala; el tercero, aprendizaje, evidencia y nuevas opciones. Medirlos con la misma lógica puede cancelar prematuramente las apuestas de futuro o mantener programas sin resultados.
El gobierno entrante puede combinar ejecución y visión de largo plazo: construir una agenda de tres horizontes, asignar responsables, publicar un tablero de avances y convocar a empresarios, universidades, regiones y organizaciones sociales.

Los anuncios generan atención y los resultados construyen confianza. Una visión compartida puede darle unidad y dirección a un país. Colombia necesita resolver urgencias y construir el futuro al tiempo. El verdadero desafío será asegurar el presente y sembrar el futuro. Esa será la prueba de la ambidestreza estratégica del nuevo gobierno.

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