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El presidente Abelardo de la Espriella anunció un esfuerzo de austeridad de cerca de $17,4 billones. Con todo y ese esfuerzo, el déficit fiscal de 2027 será de alrededor de $200 billones, 9,4% del PIB. El anuncio de austeridad equivale a 9% del monto del déficit. Para que usted se haga una idea: solamente el servicio de la deuda aumentará de 2026 a 2027 en $55 billones.
Esto, para que sea más fácil de entender, es como si fuera un hogar con ingresos mensuales de $5 millones, y cada mes gastara $6.455.000; adicionalmente, en cuotas de las deudas gastara $1.593.000, es decir, cada mes le quedaría faltando $3.048.000 que tendría que financiar con más deuda.
Y ante este panorama, como señal de austeridad para resolver este problema, esa familia decide suspender las suscripciones a las diferentes plataformas para ver películas y se ahorra $265.000 mensuales. ¿Eso resuelve su problema financiero? Muy, pero muy poco. Lo mismo está ocurriendo hoy en Colombia.
He sido muy insistente en exigir el cumplimiento de la promesa de campaña de recortar el Estado en 40%. Ante esto, he recibido una serie de respuestas que se repiten una y otra vez, que parecen ser la línea del gobierno. La primera es que hacer un recorte drástico traería como consecuencia un estallido social. Lo que no tienen en cuenta es que no habrá una explosión social más grande que la de una economía quebrada.
La segunda es que hay que tener paciencia, que el recorte del Estado sí se hará, pero más adelante, en el segundo o tercer año. En 2027 el Estado se gastará el equivalente a 25% de los activos de las 10.000 empresas más grandes de Colombia; a esa velocidad depredatoria, en el segundo o tercer año ya será demasiado tarde. El gobierno tiene que entender que el estado de cuidados intensivos en el que recibió al país no le da ningún margen de espera, no hay tiempo.
La tercera es que es imposible hacerlo, que el gasto es inflexible. Las mismas excusas de todos los gobiernos: es como el padre que, mientras compra un televisor nuevo, dice que no puede reducir sus gastos porque tiene muchas necesidades.
El 21 de junio elegimos con la esperanza de haber sacado a una banda de corruptos irresponsables del poder, para instalar personas sensatas, con buenas ideas, pero sobre todo profundamente responsables. Recortar el Estado, gastar menos, es siempre impopular; es una decisión difícil que toma un padre de familia con sus hijos, y lo es igual de difícil para un gobernante con sus ciudadanos, pero al igual que lo es para una familia, lo es para el Estado.
Por la personalidad del presidente De la Espriella, ser impopular no parece ser una opción, pero créame que los grandes líderes, los que de verdad han pasado a la historia, no lo han sido por buscar ser populares haciendo lo que la gente cree, sino por haber sido responsables y haber hecho lo que se debe, así no fuera popular. Hoy los hijos, ya profesionales y exitosos, les agradecen a los padres que en momentos de vacas flacas decidieron recortar el gasto, pensando en su futuro.
El presidente tiene que escoger si ser popular hoy, pero irresponsable, o impopular hoy, pero pasar a la historia por hacer lo que se debe y no lo que la gente quería. No hay crecimiento económico en un país con las finanzas públicas destruidas. No hay Patria Milagro con un Estado quebrado, obeso y derrochón.
El desafío para De la Espriella consiste, entonces, en demostrar que el acercamiento actual constituye una estrategia de Estado y no simplemente un alineamiento ideológico
En su libro Tu cerebro necesita amigos, el neurocientífico Ben Rein explora cómo la conexión humana moldea nuestro cerebro y por qué los vínculos sociales son mucho más que una necesidad emocional
Los retrasos, la ideologización y la estigmatización de los hidrocarburos nos costaron mucho y lo estamos pagando en los recibos de luz y gas