Tuve la oportunidad de trabajar por cerca de un año en EPM Bogotá, liderada entonces por el empresario antioqueño Fernando Panesso Serna. He mantenido contacto con algunos de los colaboradores de esa gran experiencia y todos coincidimos en que es un gran orgullo poder contar que trabajamos en una de las empresas más importantes del país. Recuerdo el orden, la planificación, el profesionalismo y especialmente el respeto que proyectaba en el mercado la marca de Empresas Públicas de Medellín.

Es triste observar el caso de Hidroituango que por su magnitud e impacto es una tragedia nacional. El desfase que va a generar en la matriz energética es gigantesco y seguramente por esta situación Colombia va a tener que recalcular las inversiones, tarifas y kilovatios totales en los próximos años. Las decisiones tomadas en plena crisis son siempre discutibles mirando hacia el pasado.

Lo que viene ocurriendo desde la campaña de la alcaldía de Medellín, hasta hoy, con cambios en la Junta Directiva y la conciliación con los contratistas de Hidroituango han sido situaciones difíciles que se hubieran podido manejar distinto. El alcalde Quintero desde su campaña venía insistiendo en cambios que pedía que ocurrieran a nivel administrativo. La recuperación de $9,9 billones es algo natural que cualquier compañía debe hacer cuando siente que se están violando condiciones contractuales o cuando hay un incumplimiento del contrato. Para eso están contratados los equipos jurídicos y, especialmente cuando hay órganos de control del Estado señalado posibles pérdidas y detrimento patrimonial, es un deber de cualquier servidor proteger intereses de todos.

El enredo viene por la forma y las maneras. La movida de Quintero ha generado reacciones negativas en un grupo de empresarios antioqueños que se vieron sorprendidos por las rápidas decisiones. Algunos fueron golpeados en su ego. En ese punto me debo detener a decir que las reacciones han venido acompañadas de odio, rabia e indignación. Hay analistas y opiniones de antioqueños que son moderadas, racionales y tratan de ser justos en evaluaciones y calificativos. Otros lo han tomado personal, han convertido las discusiones en un tema únicamente de política, acusan al alcalde por cosas que supuestamente haría en el futuro y se han dejado llevar por su gusto hacia cierto color de partido político.

Para bien o para mal, el alcalde seguirá siendo Quintero, a quien no conozco en persona y nunca he hablado con él ni siquiera por teléfono. No veo viable, la verdad, que sus opositores lo puedan revocar y la sola idea de buscar una votación me parece altamente inconveniente para EPM. Analizo y opino como un ciudadano más, pero también en mi calidad de ex empleado de EPM Bogotá debo aceptar que me duele ver que la compañía para la cual trabajé se haya convertido en un tema de ataques violentos en redes sociales y medios de comunicación. Tanto el alcalde como su equipo de asesores, los miembros actuales y anteriores de la junta directiva pueden mejorar las formas. Se debe invitar a todas las partes a recuperar la prudencia, la objetividad y dejar atrás los ataques personales. Es una compañía que debe recuperar su lugar en el mercado ya que eso al final nos conviene a todos los colombianos.