Analistas 18/09/2020

Recuperar la confianza

Siempre que la vida trae golpes no esperados como el que vivió todo el planeta en 2020 con la llegada del coronavirus, viene un momento de replantear aspectos fundamentales. La reflexión, los nuevos cálculos, permiten llegar a nuevos escenarios proyectados de lo que viene en el corto y mediano plazo.

Las multinacionales farmacéuticas corren contra el tiempo, y yo diría que algunas violando principios básicos del método científico, para intentar darle al mundo una respuesta a la necesidad de una vacuna confiable y de fácil masificación. Empresas de China, Rusia, EE.UU. y otras potencias compiten por la solución.

Especialistas y profesionales de este campo trabajan en equipos multidisciplinarios para avanzar lo que más se pueda. El proceso de competencia nos ha dejado claro que la vacuna no estará lista por ahora. Tendremos que seguir esperando por lo menos un año más, si es que funcionan las primeras versiones y no generan efectos secundarios de mediano y largo plazo en algunas poblaciones.

La realidad es que poco a poco los gobernantes del mundo han llegado a una fase en donde se debe, si o si, convivir con el virus, tomar medidas de precaución y seguir observando las curvas de contagios como parte normal de la vida. Igual, llevamos años en los noticieros de televisión observando el precio del café, la subida del dólar, sin que a una gran mayoría de los ciudadanos les afecte eso directamente.

Las cifras del Ministerio de Salud seguirán apareciendo diariamente en los medios y redes sociales. Mejor dicho, el virus llegó para quedarse, mientras los ciudadanos del planeta, se encerraron la mayoría en sus casas por meses esperando a que algo fuera a cambiar.

El periodo de crecimiento exponencial se ralentizó. El virus crece más despacio y eso permitió preparar los servicios de salud para el aumento de pacientes ingresando a las unidades de cuidados intensivos. La espera en casa destruyó millones de empleos, hay hogares rotos en sus finanzas a largo plazo. Miles de familias perdieron lo que habían construido en décadas con sus negocios. Hay muchos comerciantes que no saben cómo van a reactivar sus actividades.

Las marchas que estaban en pausa desde noviembre del año pasado, por las actividades decembrinas, volvieron también con algunas células organizadas de crimen profesional, en ciertas ciudades del país. Todo ciudadano tiene derecho a recurrir a la legítima protesta. En cualquier democracia es un pilar fundamental. Buenas reformas han comenzado de esa manera. Los vándalos, que se han vuelto expertos en organizarse cuando aparecen las legítimas manifestaciones, ahora se mezclan con un infortunado elemento.

Nos dimos cuenta en vivo y en directo, que, en ocasiones extremas, no hay política de la cadena de mando que valga. Cada policía puede ser una rueda suelta en cualquier momento. Hay que buscar un punto de encuentro rápido para que las protestas recurrentes no se vuelvan más destrucción de confianza, la base de toda economía.

El país debería estar unido en buscar fórmulas de creación de empleo, fortalecimiento de industrias, priorizar el gasto e invertir de manera inteligente los recursos. La agenda nacional debe ser la recuperación de la confianza y con los episodios recientes estamos lejos de eso.