Analistas

Pésimo pesimismo

Se conocieron los resultados de la más reciente Encuesta Gallup, en donde se midieron las variables de favorabilidad de ciertos mandatarios y otros temas importantes del país. Se observa que todavía hay un alto número de colombianos que sigue viendo el panorama como pesimista. En general, cerca de 70% de los encuestados considera que las cosas van mal, y aunque hubo un mejoramiento marginal con respecto al mismo indicador del período anterior, no podemos decir que la cifra es despreciable. La medición de alcaldes, gobernadores y otros funcionarios deja a muy pocos bien parados ante la opinión pública. Hay un desencanto en general por el servicio público.

En el mundo empresarial el pesimismo es un tema de mucha relevancia, es grave y no es de fácil manejo. Cuando el pesimista es el jefe, se enfoca en los riesgos y en poner expectativas creíbles y realistas para los procesos y proyectos. Para el grupo que lo sigue no es una situación ideal, pues cuando las cosas fallan aparecen las repetidas sentencias: “Se los dije”, “Sabía que esto iba a pasar”, ya que todos los jefes son siempre expertos cuando las cosas han pasado, y nunca antes. Cuando el jefe es quien debe enfrentar a un grupo de trabajadores en donde hay un pesimista, o escéptico, el líder debe hacer un doble esfuerzo para que ese pesimismo no se contagie al resto del grupo. Laboralmente desgasta a todas las partes.

En empresas pequeñas y familiares el drama es mucho más marcado. La revista Forbes ha hecho varios estudios alrededor del fenómeno, comparando empresas familiares manejadas tanto por pesimistas como por optimistas. Las conclusiones son altamente sorprendentes, ya que existen empresas pequeñas que tienen un mejor desempeño en su mercado cuando son lideradas por el punto de vista pesimista. Es decir que no necesariamente los resultados son mejores cuando hay un pesimista al frente del equipo. No sucede así con empresas grandes o multinacionales. En esos escenarios un pesimista a cargo puede acabar con la compañía. En ambientes no controlados, se puede propagar rápidamente y acabar con una marca, situación luego difícil de reactivar.

Estamos viviendo un momento complicado para reactivar la economía, los consumidores y empresarios están cautelosos y el freno en niveles de consumo básico e inversiones de capital es evidente. El nerviosismo se acentúa cuando se avecina una temporada de elecciones. Las acusaciones entre candidatos van a ser feroces. Todos se van a querer abanderar la lucha contra la corrupción, el problema es que más allá de la política, las instituciones han demostrado tener metida la corrupción a los más altos niveles.

El escenario no mejora cuando se conoce que uno de los bancos más importantes del país al parecer despidió a casi 400 trabajadores en menos de 15 días. La Unión Nacional de Empleados Bancarios, denunció ayer en medios radiales la situación, alertando que pueden venir más. No se entiende que en un sector que cada trimestre genera billonarias utilidades pueda pasar esto. ¿Si así es en los bancos cómo será en el sector real, por ejemplo?

Empresarios, medios, industria, gremios y gobierno deben buscar entre todos ya un plan de choque para reactivar el consumo. Lo primero es entender el enfado y nerviosismo de los colombianos. Las reformas y normas son importantes, pero hacer fluir la economía de nuevo es prioridad. De nada ayuda el panorama que describe Gallup. Es pésimo el pesimismo si queremos salir de esta.