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¿Para cuándo una mujer?

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Recientemente, en una de mis columnas pensaba a nuestro país y la posibilidad de ser gobernado por mujeres ( ver columna 1 ).  Los ataques asquerosos, bajos, (dignos de cualquier banda criminal) que se vienen dando entre Santos y Uribe ya se salieron de toda proporción. 

El resumen de la campaña presidencial: la infiltración, la doble infiltración, el hacker, el hacker que infiltra al otro hacker, las acusaciones sin pruebas, los videos editados, los gritos e insultos, las mentiras de los candidatos, la presencia de abogados penalistas, las cuñas de radio y televisión con frases del contrario descontextualizadas, los mensajes de triple sentido en redes sociales y la no asistencia a los debates y medios de comunicación. Vergonzoso escenario al que ya no podemos llamar democracia. Esto sobrepasa los espectáculos mundiales estelares como el Cirque du Soleil o los Trotamundos de Harlem. Resultado final altísima abstención, poca credibilidad en los que todavía quieren votar y un nivel de angustia e indecisión en los colombianos, que no nos merecemos.

Según la Registraduría, 32.403.326 colombianos conforman el censo electoral de ciudadanos habilitados para votar en el país y en el exterior. De ese total, 16.834.368 son mujeres. La gran pregunta de siempre, cuándo va a llegar una líder transparente y decente que logre desligarse de la actual sucia clase política y unifique la opinión de las mujeres colombianas en torno al voto. Lo de Clara López y Martha Lucía Ramírez puede ser un comienzo de esa tendencia necesaria para nuestro país.  Conocí de las entrevistas radiales a todos los candidatos y a sus fórmulas vicepresidenciales y no me cabe duda:Ramírez o López lo pueden hacer. Si este país resistió presidencias tan nefastas como las de Ernesto Samper y Andrés Pastrana en los 90 cuando volvieron a nuestro estado inviable, las mujeres están muy por encima de eso. Hoy el país nuevamente se enfrenta al escenario de división y polarización a la que nos llevaron Santos y Uribe.

Equilibrio de Nash en su peor nivel. Perdemos todos. Lo que no está claro es cómo las mujeres lograrían modificar las malas prácticas de la nefasta realidad: barones regionales, votaciones amañadas en los municipios, presencia de gamonales, y la perversa y recurrente compra de votos.

Salvo Michelle Bachelet (Chile), Cristina Fernández (Argentina), Dilma Rousseff (Brasil) y Laura Chinchilla (Costa Rica) las mujeres siguen teniendo poca representación en las instancias de poder en América Latina. Hay varios nombres que podrían ejemplificar lo que ha pasado a través de los años en el continente. María Estela Martínez de Perón (Isabel Perón) fue la primera mujer que asumió la primera magistratura en América Latina. Sucedió a su esposo, el tres veces presidente de Argentina Juan Domingo Perón, tras su muerte en 1974.

Durante su presidencia, hubo numerosas huelgas de trabajadores y cientos de asesinatos de índole política. Fue derrocada por un golpe militar en 1976 y sometida a arresto domiciliario por varios años antes de exiliarse en España.

Lidia Gueiler Tejada fue la presidenta interina de Bolivia desde 1979 hasta 1980.  Violeta Barrios en 1990 se convirtió en la primera mujer elegida por voto popular en América Latina al derrotar al actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. En Ecuador, Rosalia Arteaga asumió la presidencia interina por dos días en febrero de 1997, cuando el presidente Abdalá Bucaram fue destituido. Se lanzó luego a la carrera por la presidencia en 1998, pero obtuvo muy pocos votos. Mireya Moscoso en Panamá, esposa del ex presidente Arnulfo Arias, en 1999 ganó las elecciones.

En Colombia seguimos escribiendo la historia con apenas dos mujeres aspirando a llevar las riendas  del país. Ojalá la madurez política y el cambio lleguen pronto porque necesitamos recuperar la decencia. Los que pasen a segunda vuelta deben recuperar la altura y dignidad que nuestro país se merece.

Ñapa: Se acerca la fecha de entrada en vigencia de la venta de celulares sin cláusulas de permanencia. Ya hay varios fabricantes y cadenas de retail listos para vender los aparatos sin estar amarrados a un contrato de un operador móvil. Esto inevitablemente se va a traducir en mayor precio de los equipos, pues se elimina el efecto de los subsidios y necesariamente el precio del celular robado en la calle va a subir.

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