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ANALISTAS 02/10/2026

Nuevas revelaciones

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En menos de dos meses de desarrollo de su mandato, el presidente Abelardo de la Espriella ha sorprendido a opositores y seguidores con la eficacia de su política de traslado de presos. Ha ordenado mover a cabecillas criminales y reclusos de alto perfil a cárceles de máxima seguridad para cortar sus privilegios y evitar que coordinen delitos desde el interior de los penales. Después del traslado del sonado Juan Guillermo Monsalve, el mandatario explicó que “en la Patria Milagro, ningún preso tendrá privilegios, y mucho menos un bandido redomado como Juan Guillermo Monsalve, que ha violado sistemáticamente el régimen carcelario. Por eso he ordenado su traslado a la cárcel de Cómbita. No voy a permitir que las cárceles de Colombia se conviertan en centros de operaciones criminales desde donde los criminales siguen haciendo de las suyas”.

De todos los movimientos que se han realizado, como los de los vinculados al escándalo de la Ungrd, diferentes tipos de criminales, terroristas y el sonado de “Epa Colombia”, hay uno que ha generado sorpresa positiva dentro de las autoridades: el del exgobernador del Valle del Cauca Juan Carlos Abadía desde un pabellón especial de la Escuela de Carabineros de Cali hacia la cárcel común de Villahermosa.

Abadía se creía "intocable" y utilizaba las instalaciones especiales para participar en política, definir contratos y poner o quitar funcionarios. Intentó evitar el traslado simulando un episodio cardíaco para frenar la medida y fue llevado brevemente a una clínica antes de ingresar al centro penitenciario ordinario. Abadía cumple una condena de más de 21 años por los delitos de peculado por apropiación y contrato sin cumplimiento de requisitos legales.

La curiosidad vino cuando, en el proceso de realizar el traslado, las autoridades correspondientes le incautaron su teléfono celular y una libreta llena de anotaciones. Al parecer, en lo encontrado hay de todo, tanto como para iniciar una nueva investigación criminal.

Las anotaciones contienen evidencias sólidas de quiénes y cuándo lo visitaban en el anterior lugar de reclusión. En teoría, lo más gordo para iniciar nuevas líneas de estudio son las acciones políticas que Abadía ayudó a coordinar en diferentes momentos electorales. ¿Cómo coordina un recluso los robustos operativos de diversos gamonales que al final terminan en votos? Los apuntes lo dirán con el tiempo.

Lo grave es que además de actores políticos digamos tradicionales, que lo visitaban para ese tipo de actividades, Abadía tuvo un caudal importante de otro perfil de visitantes. Las anotaciones supuestamente contienen los nombres de una red de contratistas públicos en distintas líneas de contratación regional. Si sólo fuera la lista de personas vaya y venga. Habría información relacionada a contratos en ejecución, con porcentajes correspondientes a los que participan de los “negocios”.

Abadía cumple la actual reclusión por el famoso contrato de los textos escolares. Su actuación en ese contrato lo llevó a una condena de 21 años de cárcel confirmada en junio de este año en segunda instancia por la Corte Suprema de Justicia. Quien se creía intocable ahora le acaba de dar al Estado colombiano una fuente de información extremadamente valiosa que tiene temblando a más de uno.

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