Analistas

Ni por un millón de dólares

El año 1985 es recordado por dos eventos fatídicos que sucedieron con diferencia de una semana. El 6 de noviembre Colombia se horrorizó con la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 que terminó con la retoma sangrienta por parte de las autoridades. Una semana después, el 13 de noviembre, nuevamente nos sacudimos con la tragedia de Armero, Tolima. La erupción del volcán Nevado del Ruiz borró la población del mapa.

En 2016 el país vuelve a estremecerse de manera doble. Primero, el trágico final del avión en el que se transportaba el equipo brasilero Chapecoense que no logró aterrizar por falta de combustible y dejó 71 personas muertas en territorio antioqueño. Todo el planeta se solidarizó con las víctimas y en cada rincón donde se juega fútbol los han recordado con minutos de silencio y mensajes de solidaridad. La ceremonia del Atanasio Girardot del miércoles pasado, durante la cual miles de hinchas despidieron al equipo rival, no la esperaban ni los mismos aficionados en Brasil. La tragedia nos volvió a recordar, a los que nos gusta el fútbol, que es apenas un juego y las rivalidades no están por encima del contexto social en el que convive el deporte.

No se había terminado el país de recuperar de ese golpe emocional cuando el fin de semana y las primeras horas del lunes nuevamente nos sacudimos. La tragedia de la niña Yuliana nos marcó tanto como el crimen de Rosa Elvira Cely y otros miles que no llegaron a ser mencionados en los medios de esta manera.

Lo que no se ha dicho, es que el domingo en la tarde, mientras Rafael Uribe Noguera se encontraba con sus hermanos y el cadáver de Yuliana, al parecer hicieron algunas llamadas a penalistas reconocidos. El decano actual de la Facultad de Derecho de la Javeriana habría ayudado a ubicar al posible defensor. Llamaron a Jaime Granados, Francisco Bernate, Iván Cancino y otros penalistas que por lo general habían sido subcontratistas deBrigard & Urrutia, firma que por su especialidad no cuenta en su planta con ese tipo de expertos.

De ser así, podría afirmarse que antes de haber salido el caso a los medios de comunicación el lunes, la familia Uribe Noguera aparentemente ya sabía que iba a necesitar una estrategia jurídica descomunal. El Gaula ya tenía ubicado el vehículo al final de la noche, estaba en comunicación con los familiares y en un momento de racionalidad, Francisco decidió informar a las autoridades que estaban ingresando a su hermano a la Clínica Montserrat. La estrategia les falló. Según informa la Fiscalía, habrían suministrado al presunto agresor cocaína y alcohol intentando crearle un estado creíble para una intervención médica, y aunque tuvo infarto hacia las 8 de la noche, el paciente fue remitido a la Clínica Navarra y el caso se les salió de las manos.

El lunes mientras algunos medios informaban parcialmente, se comenzó a conocer el caso y los escalofriantes detalles. Ese día, al menos dos de los penalistas a quienes llamaron el domingo sí se reunieron con Francisco Uribe para conocer el caso. Se dice que Francisco ofrecía hasta un millón de dólares por asumir la defensa e intentar una estrategia que podría incluir casa por cárcel o internarlo en un centro médico siquiátrico, estrategia similar a la del defensor del atacante de Natalia Ponce de León. El millón de dólares podría sonar atractivo, pero con el paso de las horas, se comenzaron a conocer los detalles, videos, testimonios y la oferta no tuvo quien la aceptara. En el informe forense, que pronto se conocerá, hay un detalle aún más desgarrador.

Yuliana fue mordida en su rostro y, al parecer, aparecen dos registros dentales diferentes. Esto significaría que Rafael y alguien más, que podría ser alguno de sus hermanos o un tercero que no conocemos, atacó a la niña también. Como advirtió el fiscal Martínez, este caso va más allá de la barbarie de Rafael Uribe Noguera. No va a caer sólo. Ni el millón de dólares salvará a quienes lo intentaron encubrir.