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¡Mayor inversión en ciencia, por favor!

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La desafortunada salida de la directora de Colciencias, Paula Arias, luego de un episodio para olvidar con el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, resulta ser apenas un fragmento de un gran problema del que se sufre en el país. El año pasado en una de mis columnas (Ver columna Doctor NO 1) escribí sobre la convocatoria para el plan anual, que los recursos iban a ser gestionados con regalías de los departamentos para así poder descentralizar el proceso. Mi duda se incrementó cuando recientemente Arias aclaró que Colciencias no ejecuta regalías sino que opera como un fondo de aprobación de los proyectos que les proponen las gobernaciones. “Somos simplemente evaluadores, decimos qué pasa y qué no, pero no ejecutamos regalías”. No cuadra mucho esta interpretación con la creación del Acuerdo 029 de 2010 para financiar proyectos de inversión en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) con recursos disponibles en el Fondo Nacional de Regalías. (Ver acuerdo)

La inversión en ciencia y tecnología es uno de los motores necesarios para el desarrollo de cualquier nación, especialmente cuando se tienen objetivos y expectativas de muy largo plazo. Japón, Alemania, Estados Unidos o India son ejemplos claros de ese proceso. Ellos tienen una forma diferente de medir el retorno de la inversión en ciencia y tecnología. Los grandes invierten entre 2% y 5% del PIB sostenidamente, pero en América Latina, a excepción de Brasil, la inversión es menor a 1%. Argentina invierte 0,6% y México, 0,5%.

Por debajo de esos países está Colombia que dentro del Presupuesto Nacional 2015 que será presentado al Congreso, la partida es de $379.000 millones un poco menos de 0,1% del PIB. Adicional al tema de la baja inversión, comparativamente con otros países, es todavía más cruel el análisis al separar los rubros de la inversión en los proyectos, y la inversión en formación académica de nuestros científicos.

Por la profesión que estudié, Matemáticas, a lo largo de mi carrera tuve la oportunidad de conocer a algunos de los grandes científicos y pensadores del país. Hoy la mayoría de los brillantes colegas se encuentran estudiando, dictando e investigando en excelentes universidades del exterior. Nuestros físicos, matemáticos, biólogos y otros hombres y mujeres de ciencia no tienen nada que envidiarle a los de otros países, de hecho, muchos de ellos sobresalen obteniendo becas importantes y realizando proyectos de relevancia que desafortunadamente poca presencia tienen en la prensa nacional.

La gran preocupación que siempre surgió en las facultades de las universidades, es dónde se recupera esa inversión. El país viene invirtiendo, por décadas, en la capacitación de profesionales de excelentes capacidades en estas áreas, pero esta, se pierde cuando nuestros excelentes y creativos talentos se dejan seducir por tentadoras ofertas y proyectos internacionales, que les van a servir a ellos muchísimo en sus hojas de vida, pero poco le aportan al país.

Colombia está perdiendo la inversión en muchos de los talentos que aportan allá, en las grandes universidades, y no aportan acá, lugar donde más se necesita el pensamiento científico. No es atrevido pensar que algunas zonas deprimidas y de pobreza del país, podrían avanzar si se diseñan proyectos donde a veces es fundamental la participación de los grandes pensadores.

La noticia de la salida de Arias, se limitó a la reducción del presupuesto. El escándalo fue la filtración sin el consentimiento del gobierno de las cifras. El cambio en la dirección en momentos en los que se pagan favores electorales era de esperarse. Ese no es el problema. El drama es que en algunos casos se está perdiendo la poca inversión en ciencia y tecnología. Si no le vemos la importancia a la materia difícilmente podremos desarrollarnos como nación estructurada. Recordemos el famoso “milagro japonés”, que después de perder en la Segunda Guerra Mundial, obtuvo crecimientos económicos espectaculares en las décadas 60 y 70, donde hubo una significativa inversión en proyectos tecnológicos y científicos. Ahí está el ejemplo a seguir.

Ñapa: La inminente llegada de James Rodríguez al Real Madrid, como goleador del Mundial Brasil 2014, necesariamente debería generar un “boom” de transferencias de nuevos jugadores colombianos al exterior.

Veremos qué tan profesionales resultan ser los manejadores y empresarios para aprovechar este efecto de apertura de mercado.

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