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Más enredado que elecciones de Cartagena

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El próximo domingo se celebrarán unas elecciones atípicas para definir quién será el Alcalde de Cartagena de Indias. El ganador sucederá al fallecido colega Campo Elías Terán Dix, a quien siempre preferiré recordar por su largo recorrido como periodista deportivo. Si yo fuera cartagenero no sabría si votar o no, si votar en blanco, si votar por el menos malo, si votar “en contra” del más malo  o darle un voto simbólico a un independiente que perderá a la fija y que hace parte de los candidatos que se presentan en el portafolio democrático.
 
Lo primero que se percibe al hablar con los periodistas y cartageneros del común, es la inminente presencia nuevamente en las elecciones de los dineros de Enilce López, alias La Gata. ¿Acaso el Inpec sabe exactamente dónde está esta señora, y por qué se asegura que ha sido vista en reuniones con más de un candidato? Pero al Inpec se le voló hace poco alias Pantera en un traslado. ¿Quién va a saber algo en esa desordenada y nefasta entidad, que más parece una torre de Babel de la función pública colombiana? Si llegan a retirar al General Ricaurte que está hoy al mando, no creo que haya un colombiano, por más desempleado y desesperado que esté, que quiera presentar su hoja de vida para ese “magnífico” cargo.
 
Volviendo a Cartagena, al parecer La Gata sigue siendo una fuerza de financiación de la política regional muy fuerte. Nada raro que esté ayudando a varias campañas a la vez para siempre ganar. Al reflexionar un poco más, recuerdo que igual La Gata financió con más de $100 millones la campaña presidencial de Álvaro Uribe en 2002. Ni a uribistas ni a los anti-uribistas pareció importarles nunca. Por eso sería pertinente eliminar la variable La Gata del análisis sobre las elecciones cartageneras, ya que al estar ella en varios lados o estar en todos, se vuelve irrelevante para la discusión.
 
Que un candidato pagó  las encuestas, que otro contrató ciudadanos para sabotear el debate del martes pasado, que uno logró vetar las cuñas radiales de sus contrincantes, que a un locutor de una emisora casi lo botan del puesto por entrevistar al candidato “que no era”, que la exesposa de uno salió a decir que el hombre la golpeaba, que otra candidata renunció para aspirar a la curul de la recién fallecida Gilma Jiménez, que otra candidata tiene una foto con La Gata, que el voto se va a pagar a $100.000, que algunas fuerzas políticas quisieron que el cargo lo “heredara” la hija del fallecido Campo Elías, que los buses están listos pero no alcanzan para todas las campañas, que vienen a votar de afuera de Cartagena con cédulas falsas o de  muertos, que hay funcionarios de la Registraduría que estuvieron en la elección fraudulenta de Cali, que los medios locales están parcializados y que hay cuñas radiales haciendo guerra sucia. Ese es el triste voz a voz. Pero más grave es que ni siquiera es necesario señalar nombres y apellidos específicos. Esa es nuestra democracia.
 
El domingo se levantarán para ir a las urnas una gran cantidad de cartageneros escépticos, prácticamente resignados a que este circo es apenas la pequeña cuota inicial de lo que será el período de los próximos meses, gane quien gane. Muchos desistirán y su escepticismo los forzará a quedarse en casa, o a cuadrar cualquier otro plan que les evite pensar en la cruda realidad política de la ciudad. Acaso algunos pocos protestarán en silencio con el simbólico voto en blanco y uno que otro chiflado decidirá denunciar ante las autoridades alguna de las irregularidades que se van a presentar. Las denuncias si acaso llegarán a investigación. Luego seguramente se archivarán. Ante este panorama podría no ser muy loco dejar un tiempo la alcaldía sin alcalde. De pronto a la ciudad le iría mejor con el cargo vacante.
 
Ñapa: Se avecina una importante decisión en la Procuraduría que afectaría a la totalidad de los alcaldes locales de Bogotá, por no ejecutar los presupuestos de mantenimiento de malla vial de las distintas zonas. Recordemos que fue en su momento el secretario Guillermo Asprilla quien “frenó” la ejecución de ese y otros proyectos. Hoy Asprilla está destituido y ahora van a “empapelar” a otros por no gastarse $168.000 millones de mantenimiento vial.
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