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Lo que vale seguir negociando

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La semana que termina fue tal vez la más complicada para los dos años que lleva el proceso de paz en La Habana. Las tensiones entre el gobierno nacional y la guerrilla, subieron de tono con el secuestro del General Alzate en el departamento de Chocó. Para algunos colegas y otros funcionarios del Estado, se debe recordar y reforzar que la palabra adecuada para usar es secuestro, ya que a veces insisten en la palabra “retención”. Retención es cuando a usted le cierran la puerta del banco y no lo dejan salir los guardias que transportan valores. Secuestro es Secuestro.

El escenario de suspensión del proceso que planteó el Presidente Santos generó algunas dudas en el país, especialmente el futuro económico. Según el equipo de análisis del Departamento Nacional de Planeación, una eventual suspensión o final del proceso de paz no afectaría al PIB. DNP continúa con la proyección de 4,7% de crecimiento para 2014. Lo que sucede es que de no firmarse, no se tendría un crecimiento adicional que podría estar entre 1 y 1,7 puntos porcentuales. Para 2018 se tiene igual una meta aproximada de 5,3% de crecimiento.

El representante conservador David Barguil considera que la suspensión de los diálogos de paz no tiene a corto plazo ningún efecto económico. Por su parte si  los diálogos se suspendieran de manera definitiva, anota que por aumento de violencia y problemática de orden público se generaría menor inversión en el país. Igualmente, si la violencia se recrudece, impacta el aumento del costo de financiación del endeudamiento afuera. Por poner un ejemplo, en el caso de los hidrocarburos que es la mayor fuente de inversión que tiene el país, la industria petrolera tiene perfectamente calculado el conflicto en caso de un recrudecimiento.

Desde un punto de vista académico, el director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, Daniel Mejía, calcula que el conflicto afecta entre 1 y 2 puntos porcentuales cada año el crecimiento del PIB. Es la teoría que siempre explica el Presidente Santos en los foros y seminarios a donde lo invitan, aunque él explica que el PIB crecería sostenidamente dos puntos porcentuales marginales a mediano y largo plazo pro el efecto de la firma de los acuerdos. El menor gasto militar y las nuevas inversiones extranjeras sustentan este desarrollo necesario si queremos seguir siendo los líderes económicos de la región e ingresar rápidamente al club de mejores prácticas: la Ocde.

Algunos reconocidos publicistas analizan la estrategia para legitimar los diálogos de paz y concluyen que hasta ahora ha sido totalmente errada. El programa que surgió en la Andi y se publicitó en los medios “Soy capaz” nació mal y se esfumó rápidamente. En pocos días los opositores al gobierno lograron empujar en las redes sociales el mensaje contrario “No compro Soy Capaz” y toda la inversión que se hizo en campañas publicitarias y en diseño de empaques de productos se evaporó. El error principal fue intentar venderle la idea a la gente de que el Gobierno no tenía nada que ver en el tema, cuando era el más interesado en que se impulsara la iniciativa desde los escenarios privados.

El enemigo número uno del proceso es la variable tiempo, siempre implacable. Llevamos dos años esperando resultados y para ser sinceros, los avances son insuficientes, especialmente cuando falta lo más complicado: que la población incrédula debe refrendar en votación lo que se acuerde. De pronto si el gobierno explicara mejor los beneficios económicos el ambiente mejoraría, especialmente cuando la sensación que nos dejan parcialmente es que los colombianos financiarán con más impuestos el posconflicto, tema que no ha caído bien a empresarios y personas naturales. Nadie entiende cómo una economía que supuestamente va a crecer de manera sostenida necesita mayores impuestos al patrimonio. Al contrario, los impuestos deberían bajar si hay paz. Algo del posconflicto debería ser financiado con los miles de millones de dólares que tiene en su poder la guerrilla.

Ñapa: La decisión de EE.UU. de incluir al Envigado Fútbol Club en la lista Clinton, no es último caso dentro del fútbol de nuestro país. En próximos días conoceremos de otro equipo profesional que sería vinculado por supuestos vínculos con la temible Oficina de Envigado.

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