Analistas

Indignación asimétrica

En la ciencia, especialmente en física, los sistemas numéricos y escalas de medición son fundamentales para que los experimentos y avances tengan validez dentro de la comunidad de científicos. Tan relevante es el tema que por decenas de años las escuelas británica y norteamericana se enfrentaron intentando imponer sus propias medidas y formatos de longitud, tiempo y espacio. Por esta razón es que hoy debemos convivir con las conversiones de millas a metros, de litros a onzas y de grados Celsius a Fahrenheit. 

Para el presente escrito me voy a dar la licencia de crear un nuevo sistema de medición que permitirá desarrollar la idea que quiero plantear. La nueva escala creciente, en donde podríamos usar números naturales o reales, mide el nivel de indignación de un colombiano ante un suceso o hecho de la vida cotidiana. Partimos de un supuesto, y es que la mayoría de nuestra población tiene dentro de su ser un grupo de sentimientos, y uno de ellos, la indignación, estaría asociada esa furia interna que se produce al ver un escándalo, algo injusto, una desigualdad social significativa y muchas otras realidades adicionales de nuestra sociedad. 

Ante dos sucesos diferentes, se podría medir el nivel de indignación de cada uno con sistemas de medición de varias maneras. Recientemente contamos con una herramienta que ha crecido en pocos años. Es un sistema imperfecto y arbitrario, que seguramente no representa la totalidad de la población, pero al menos da una guía o una tendencia. La herramienta es el famoso número de veces que un tema es mencionado en las redes sociales. Los temas tendencia nos permitirían acercarnos parcialmente a lo que he denominado niveles de indignación en esta recién creada escala. 

Lo que llama la atención de Colombia, es que los grandes temas que impactan a la población no necesariamente son los que mayormente marcan en esta escala. Los consumidores de medios de comunicación se comportan de una manera irracional. Esto lo digo, siendo consciente de la responsabilidad de quienes generamos contenidos en medios, que de manera muy importante incidimos en imponer una agenda noticiosa, muchas veces también alejada de las necesidades reales de nuestra comunidad. 

Repasemos febrero únicamente, que da un ejemplo claro de la argumentación. Capturan al futuro esposo de la directora del Icbf, lo sueltan al otro día, interceptan periodistas influyentes, periodistas publican que otros periodistas se han dedicado a comercializar con actividades fuera del periodismo, se mueren niños indígenas en La Guajira y otros departamentos del país, Falcao sigue lesionado, Guarín y Jackson Martínez se van de Europa a la incierta pero millonaria liga China, hay sobrecostos de US$4.000 millones en el proyecto Reficar, el Defensor del Pueblo renuncia por supuesto acoso a una funcionaria, los impuestos de los carros nuevos valen menos que los de los carros viejos, la tasa de cambio se acerca a $3.500 por dólar, unos vándalos acaban con 21 buses de Transmilenio, los “líderes” de izquierda se reúnen con la guerrilla en La Habana, mientras la otra guerrilla, que no ha llegado a La Habana, atenta contra Arauca y Cúcuta, el Concejo de Bogotá aprobaría la urbanización de la reserva forestal Van Der Hammen, los hipermercados son acusados de causar la inflación en los alimentos básicos, el presidente viaja a celebrar los 15 años del Plan Colombia con periodistas, empresarios, lagartos y demás. Cada una de estas noticias genera una gran o pequeña indignación en todos nosotros, pero es seguro que no tenemos la escala debidamente ordenada. 

En otros países con mayor desarrollo cultural el escándalo de Reficar y la muerte de los niños indígenas de La Guajira son motivo suficiente para que lluevan renuncias y la indignación total de la población genere una gran censura social sobre los responsables. Aquí, cada uno se indigna por cosas distintas, unas irrelevantes, generando la asimetría de la indignación.