Analistas

Fue gol de Yepes

En un sorpresivo anuncio, conocido luego de una junta directiva de Bancolombia, su presidente Carlos Raúl Yepes presentó carta de renuncia por motivos estrictamente personales. Minutos después se conoció que el reemplazo sería Juan Carlos Mora uno de los actuales vicepresidentes del banco. En el sector financiero, en redes sociales y en algunos medios de comunicación, se llegó a especular sobre el estado de salud de Yepes y algún medio importante alcanzó a titular en su versión digital hasta el supuesto nombre de la enfermedad que habría llevado al exitoso ejecutivo a tomar la decisión. 

Al día siguiente, luego de unas horas de la tormenta desatada por la noticia, se conoce una interesante carta de la hija de Yepes que él mismo decide publicar y compartir para que a la gente le quedara claro el mensaje de su decisión personal. No tenemos certeza del estado de salud, lo cual hace parte de su intimidad, y la misma carta de su hija plantea una incertidumbre al referirse indirectamente al tema: “yo quiero tener papá mucho tiempo. Quiero que me veas graduar, que me entres a la iglesia, que cargues a mis hijos, y para eso necesito que te cuides”.

En el mundo corporativo es común ver grandes ejecutivas reclamándose a sí mismas mayor tiempo para sus familias y especialmente en algunas etapas de las vidas de sus hijos. Lo que es poco común es ver ese tipo de decisiones en padres de familia cuando llevan una carrera exitosa. Yepes y su hija ponen un campanazo de alerta ante una mala práctica que se volvió común en el ámbito laboral de las grandes empresas colombianas. 

Los trabajadores desde que inician su carrera hasta el final se van acostumbrando a no ponerle límites al número de horas que se trabaja al día o a la semana. En países desarrollados el número de horas a la semana, los horarios, la planificación y otra serie de actividades que se hacen de manera organizada, permiten a los ejecutivos y empleados de mandos medios tener una calidad de vida y unas horas libres para familia y esparcimiento. El mito que nosotros mismos hemos creado de que somos rebuscadores, recursivos y comprometidos con nuestros trabajos, a veces se confunde con el exceso de reuniones, sobrecarga de correos y chats innecesarios, viajes inservibles y comités y juntas que nunca solucionan ningún problema, pero sí crean nuevos. 

El concepto de eficiencia corporativa se puede lograr sin necesidad de poner en riesgo las condiciones físicas o mentales al llevar el cuerpo al límite, o de crear malos hábitos personales en el largo plazo. La cultura empresarial de no salir hasta que el jefe no se vaya, asistir a toda reunión que las diferentes áreas citan como “obligatoria”, enfrascarse en discusiones bizantinas en los correos grupales o dejarse meter en proyectos que no son prioritarios para el área en la cual se trabaja, todas se pueden evitar. 

En los últimos meses, con la masificación de Whatsapp, apareció el molesto e incómodo sistema de crear grupos para hablar en grupos. Hay personas que van creando grupos para almuerzos, cumpleaños, visitas de ejecutivos, reuniones semanales y otros temas. El problema que tienen esos grupos es que la gente se ve agregada muchas veces sin saber y termina conversando con gente que no conoce y no está en su lista de contactos. Como no hay una etiqueta o protocolo para el manejo adecuado de este tipo de asuntos, la única forma de evitar un lugar común en dónde uno no ha pedido estar, es saliéndose del grupo, lo cual inmediatamente lo convierte en un usuario grosero ante los demás.

El mensaje de Yepes debe abrir un debate profundo en niveles directivos de nuestras empresas. La gente debe tener la opción de dedicarle un tiempo mínimo diario a su familia sin sacrificar resultados de su compañía. Cada uno deberá buscar la fórmula para lograrlo, teniendo en cuenta que no se vale que el único tiempo que se dedique sean las vacaciones de una vez al año.  No esperemos a que nos lleguen las cartas de nuestras hijas.