Analistas

Dilma, destitución olímpica

Brasil elimina a Dilma Rousseff durante los Juegos Olímpicos Río 2016. Varios medios locales titularon ayer de esa manera lo sucedido esta semana en el parlamento carioca, donde la votación mayoritaria por llevarla definitivamente a juicio es una anticipación de lo que sucederá cuatro días después de que se clausuren las justas olímpicas. Los congresistas de Brasil se apuraron en adelantar la votación durante la madrugada del miércoles. La mayoría que se necesitaba era simple, pero obtuvieron dos terceras partes en favor de presentar cargos contra la presidenta suspendida y de esa manera someterla a juicio. 

Los números fueron rápidos y aplastantes como los resultados deportivos que se viven en el parque olímpico: 59-21 contra la líder de izquierda, obviamente enmarcada en una calurosa sesión dirigida por Ricardo Lewandowski, presidente magistrado del Tribunal Federal Supremo. El cargo principal en definitiva es el de supuestamente violar la ley del presupuesto. En total, desde enero de este año, Brasil ha vivido este largo caso de “impeachment”, o impugnación, que ha terminado de polarizar al país por completo.

Los abogados del Partido de los Trabajadores de Brasil han intentado desesperadamente llevar a la CIDH (Corte Interamericana de Derechos Humanos) una solicitud de última hora. Se trata de una petición de medida cautelar en favor de suspender el proceso que se adelante contra Rousseff. Aunque la medida puede funcionar para demorar o dilatar la situación, al igual que en el caso del exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro, al final es sólo un mecanismo que se agota con el tiempo y la fuerza de las decisiones termina por llegar. 

Por otra parte, una periodista cercana a Rousseff, quien ha escrito varias veces con detalles muy fieles, publicó en el diario Folha de Sao Paulo, que lo más seguro es que la mandataria dejaría Brasil por hasta ocho meses. El plan al parecer es visitar lugares cercanos como Uruguay, Chile y algunos contactos hasta en Europa. Rousseff no ha definido exactamente su agenda, ya que lo que la tiene pensando es alejarse demasiado de sus dos nietos que viven en Porto Alegre. El hecho de planear el viaje es muestra de lo inminente de la derrota.

Vivir el ambiente desde las calles de Río y especialmente en los escenarios deportivos me ha permitido encontrar un sentimiento inmerso dentro de la cultura de los brasileros. La gran mayoría, independiente de si son seguidores o detractores de Rousseff, admiten que el presidente encargado Temer tiene razón al querer acelerar lo irreversible y concentrarse en la solución. 

Se alcanzó a pensar en adelantar elecciones, pero el encargado estará por lo menos hasta que termine el período regular en 2018, donde posiblemente la izquierda pierda los 12 años que lleva en el poder en Brasil. La incertidumbre de los meses corridos en 2016 ha impedido resolver la crisis fiscal actual. Para nadie es un secreto que los últimos años, con un manejo bien irregular, llevaron a la economía más grande de Suramérica a la que podría ser la peor recesión desde la década de 1930. 

Temer busca terminar con el juicio rápidamente para poder avanzar con su propuesta de frenar el gasto público, revisar el infartado sistema pensional y posiblemente en unos meses, restaurar la confianza en la economía. Las decisiones de la semana han llevado a que el afán de Temer, quien tiene sintonía con intereses de la mayoría de los grandes empresarios, haya revaluado el valor del real. Ahora la moneda brasileña se ubica por debajo de 3,12 frente al dólar. 

Recordemos que antes de finalizar mayo la tasa de cambio estaba cercana a 3,61. Temer no tiene el camino fácil, ya que algunos empresarios que lo apoyan también han sido señalados de corrupción. Uno de ellos con intereses en Colombia: el hoy encarcelado Marcelo Odebretch. Mientras siguen los Juegos, los brasileros aprovechan el bálsamo internacional que termina la próxima semana. Después viene prender la economía otra vez.