Analistas

Carrera fallida

Con los triunfos a nivel internacional de Nairo Quintana, Rigoberto Urán y otros ciclistas profesionales, el número de amantes a este deporte ha venido creciendo significativamente en el país. Históricamente en Boyacá, Cundinamarca, los departamentos del eje cafetero, Valle del Cauca y Antioquia principalmente cuentan con centenares de ciclistas aficionados y que recorren las carreteras del país diariamente. Cuando de buscar dificultad se trata, los ciclistas en Bogotá sienten gran fascinación por un sitio llamado “El Alto del Vino”. La ubicación exacta es saliendo por la calle 80 al occidente de la capital, luego de pasar el puente de guadua y el puente de Siberia, se encuentra la variante que lleva a hacer este particular recorrido. Muchos ciclistas recorren el trayecto continuamente como simples aficionados. 

El pasado jueves festivo 7 de agosto, el protagonista de esta historia, amante del deporte, quiso salir a hacer ese recorrido. Esta vez su plan era un paseo mucho más corto para poder compartir tiempo con su familia en la tarde. Se reunió, como era usual, con un grupo de compañeros antes de emprender su aventura. Cuando apenas habían recorrido unos kilómetros,  Andrés* se chocó con un imprudente motociclista.

Este desconocido, según testigos, avanzaba por la vía a una velocidad aproximada de 150 Km/h en una zona, donde la velocidad máxima permitida es de 40Km/h. Prueba de la velocidad es una marca de freno de 9 metros que quedó en la escena. Con esta velocidad impacta a Andrés, quien se encontraba prácticamente detenido.  El cuerpo es impulsado cerca de 100 metros de distancia cayendo boca abajo con unas heridas mortales. (ver testimonios)

Las costillas del lado derecho se partieron haciendo un hueco del lado derecho del tórax. El fémur de la pierna derecha terminó perforando la vejiga y cortando varias venas. Varios dientes también se rompieron en el impacto. En ese momento, al verse herido, Andrés solo le pedía a sus compañeros que no le avisaran a su esposa y sus hijas, porque ese día iban a celebrar el cumpleaños de su hija menor y no quería fallarles, por esta razón intentaba pararse y pedía que le avisaran mejor a su hermano. 

Lo frustrante de esta situación, es que otros motociclistas arreglaron la escena del accidente moviendo la bicicleta de donde originalmente había quedado para decir que Andrés se había atravesado. Las autoridades no permitieron a los presentes tomar fotografías o videos. Los testigos han comentado que las autoridades no confirmaron realmente quién conducía la moto, si no que se dejaron enredar por los motociclistas, quienes ya habían cometido varias infracciones a las señales de tránsito.

Andrés fue trasladado a una clínica. Los médicos iniciaron los exámenes para determinar las condiciones en las que se encontraba. Horas después sufrió un infarto. Los médicos lograron estabilizarlo por medio de una reanimación a corazón abierto, iniciando una cirugía de cerca de dos horas en la que tuvieron que amputarle la pierna derecha por los múltiples daños a las venas. En el tórax las cosas tampoco eran alentadoras, tenía daño hepático, el colon en otra posición y otros órganos también dañados. Al terminar la cirugía, en la unidad de cuidados intensivos se enfrentó a un segundo infarto.  De nuevo tienen que realizar reanimación a corazón abierto. Infortunadamente, luego de una lucha de cerca de 7 horas, Andrés falleció.

A diario en las carreteras colombianas se viven casos parecidos. Las autoridades dicen que hacen lo posible por controlar a los motociclistas, pero que es imposible ejercer un control permanente. Según cifras de la Secretaría Distrital de Movilidad, entre 2013 y 2014 han fallecido más de 40 ciclistas en estos accidentes y se reportan más de 1.000 lesionados, muchos de manera grave. Ojalá la triste historia de Andrés sirva para que hagamos una reflexión profunda, alrededor de mejorar la cultura de ciclistas, motociclistas, conductores de buses, taxis y vehículos privados.  

Ñapa: La Congresista que escribe mensajes ofensivos en redes sociales solamente busca llamar la atención. Propongo no volver a entrevistarla en los medios, pues se quiere hacer famosa a toda costa. La solución es no seguirla, no citarla, no hacer réplicas de sus mensajes y darle su merecido olvido. A palabras necias, oídos sordos. Ni siquiera vale la pena mencionar su nombre o apellido. No caigan en el juego.