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Al temor de la población y el asombro de los medios de comunicación se sumó un hecho inesperado: la falla generalizada de servicios de telecomunicaciones en los momentos que siguieron al terremoto y en los días posteriores. Jorge Atton, ex subsecretario de Telecomunicaciones de Chile.
Un mensaje de vida ante la catástrofe es la información. Su ausencia vuelve eterno el dolor y la desesperanza. Jorge Fernando Negrete P.
Colombia se integra al grupo de países que son violentamente agredidos por terremotos.
En países donde la tierra parece recordar con periodicidad legendaria sus fracturas más profundas, la infraestructura digital, las antiguas telecomunicaciones, ha tenido que diseñar un margen de maniobra para la supervivencia, la integridad física y el derecho a la vida cuando se manifiesta un terremoto y una catástrofe.
Ese margen tiene nombre y siglas: Sistemas de Alerta Sísmica (SAS). Un sistema silencioso de monitoreo, algoritmos, acelerómetros y radioenlaces que intenta disputarle segundos vitales al caos. El funcionamiento del sistema se fundamenta en una certeza incuestionable: las ondas electromagnéticas viajan a la velocidad de la luz, trescientos mil kilómetros por segundo, mientras que las ondas mecánicas de un sismo avanzan a una velocidad infinitamente más modesta, entre tres y siete kilómetros por segundo. La alerta aprovecha esa ventaja física para avisarnos que el tsunami de energía ya viene en camino.
En México, desde las costas del Pacífico, un sistema de sensores monitorea sin descanso las entrañas del suelo. Cuando la aceleración de la tierra denuncia peligro, al menos dos estaciones confirman el hallazgo y desencadenan una orden instantánea.
En cuestión de milisegundos, la señal viaja por redes de radio hacia los altavoces de los centros urbanos, emisoras de televisión, receptores en escuelas y teléfonos móviles. Ese viaje coordinado se traduce en tiempo de oportunidad. Frente a un epicentro lejano, la Ciudad de México gana entre 60 y 120 segundos: el lapso justo para apagar una llave de gas, detener un autobús, bajar del edificio o buscar una zona de menor riesgo.
La vida propia como derecho digital. Diana Pacheco, de 31 años, mexicana atrapada entre los escombros de un edificio de oficinas durante el terremoto de 2017, se comunicó por WhatsApp, informando que estaba viva y solicitando ayuda. Estar conectado a los servicios de telecomunicaciones, Internet y las TIC constituye un derecho fundamental y un reclamo para obtener seguridad corporal, atención médica y reclamar al mundo la vida.
Esta cadena tecnológica y de política pública confirma que se puede salvar miles de vidas automatizando la seguridad de infraestructuras críticas.
La alerta sísmica nos regala segundos para salvar la vida. La tierra, tarde o temprano, volverá a moverse y surgirán nuevos y peores escenarios catastróficos y de seguridad nacional.
Colombia estrena ministra TIC, poniendo a prueba su templanza y visión estratégica ante la adversidad; y, ante ella, la soberanía digital de Colombia es vital, y depende de redes robustas y poderosas. En la agenda de mañana, Colombia debe ser también el nuevo Data Hub de América Latina, con supercómputo, hiperconectividad y más cables submarinos.
Ministra Falla, sea usted bienvenida al corazón digital de las Américas.
Mi solidaridad más amplia con usted y los colombianos.
No hay duda de que nuestra democracia tiene fallas y todavía persisten el clientelismo y los feudos podridos en algunas regiones del país
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