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El pasado 25 de mayo, el papa León XIV publicó Magnifica Humanitas, una encíclica dedicada a uno de los debates más importantes de nuestro tiempo: cómo preservar la dignidad humana en medio de la revolución de la inteligencia artificial. Su mensaje es profundo y oportuno. La tecnología no es buena ni mala por naturaleza, pero tampoco es neutral. Su impacto depende de los valores que la orientan, de las instituciones que la gobiernan y del propósito para el cual se utiliza. Por eso, la pregunta de fondo no es cuánta inteligencia artificial vamos a incorporar en la economía, sino qué tipo de sociedad queremos construir con ella.
Este debate afecta de manera directa al sistema financiero. La banca es uno de los sectores donde la digitalización y la inteligencia artificial están transformando con mayor velocidad la relación entre las personas y la economía. Hoy la tecnología permite abrir cuentas en minutos, detectar fraudes en tiempo real, mejorar la evaluación crediticia, personalizar productos, reducir costos operativos y ampliar el acceso a servicios financieros. Pero también plantea nuevos desafíos. Un algoritmo puede abrir puertas, pero también cerrarlas. Puede reducir barreras, pero también reproducir exclusiones. Puede acercar el crédito a quien nunca lo tuvo, pero también convertir a una persona en apenas un dato, un puntaje o una probabilidad de incumplimiento.
Ahí está la grandeza del llamado de Magnifica Humanitas. La encíclica recuerda que el verdadero progreso no se mide solo por eficiencia, velocidad o escala, sino por su capacidad de servir a las personas. En el caso de la banca, esto significa que cada innovación debe evaluarse por su contribución a la inclusión, la confianza y el desarrollo humano. La inteligencia artificial no puede ser una herramienta para sofisticar la exclusión, sino para superarla. Debe ayudar a que una microempresa informal construya historial, a que una familia acceda a vivienda, a que un emprendedor encuentre financiación y a que los hogares más vulnerables entren plenamente al sistema financiero.
Colombia tiene una base importante para avanzar en esta nueva era de la inteligencia artificial. La inclusión por el lado del ahorro es prácticamente universal y el sistema financiero ha multiplicado con creces sus capacidades digitales. En menos de dos décadas, la banca pasó de un entorno predominantemente físico a un ecosistema en el que la mayoría de las transacciones son digitales. Hoy se realizan cerca de 39.000 operaciones por minuto, 82% de las transacciones ocurre por canales digitales y la apertura de una cuenta puede tomar apenas cinco minutos. Esa transformación no es menor. Representa más acceso, más cercanía y más capacidad para atender a millones de colombianos.
Pero el reto ya no es solo transaccional. El gran desafío es convertir la inclusión digital en inclusión financiera plena. Todavía existen brechas profundas en el acceso al crédito, especialmente en las zonas rurales, entre las Mipymes, las mujeres emprendedoras y los trabajadores informales. Allí la inteligencia artificial puede jugar un papel decisivo si permite leer mejor la realidad económica de quienes tradicionalmente han estado por fuera del sistema. Datos alternativos, modelos más precisos y procesos más ágiles pueden convertirse en instrumentos de movilidad social, siempre que estén acompañados de transparencia, protección al usuario y responsabilidad institucional.
La encíclica recuerda que la función social del crédito sigue siendo insustituible cuando convierte el ahorro en inversión, empleo, vivienda y oportunidades. En Colombia, ese llamado resuena como el reconocimiento de una práctica que la banca ya ha hecho propia, y que consiste en poner el crédito, la innovación y la tecnología al servicio de las personas y la economía. Ese es el verdadero sentido del progreso: que la tecnología fortalezca la función social del crédito y haga al sistema financiero más cercano, seguro, incluyente y humano.
Los grandes líderes empresariales entienden eso muy bien. Construyen organizaciones, forman personas y fortalecen proyectos cuyos resultados completos posiblemente no alcanzarán a ver