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TRIBUNA UNIVERSITARIA 17/04/2026

Ni una buena

Jerome Sanabria
Estudiante

En mi columna de la semana pasada hablé sobre algunas propuestas de Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Critiqué las que van en contravía de los principios de libertad de mercado, como el control de precios y el proteccionismo nacional. También resalté otras que me gustan, como un gran recorte en el tamaño del Estado, la eliminación de regulaciones y el voucher educativo.

En mis redes, un hater me retó a hacer una columna sobre las propuestas de Iván Cepeda. Me pidió imparcialidad y que resaltara las mejores de su candidato. Lamento decirle que, después de leer su plan de gobierno -donde menciona más veces a Álvaro Uribe que a sus propias propuestas-, la conclusión es clara: no tiene ni una buena propuesta.

Encontré varios lugares comunes en sus propuestas “anticorrupción”, pero también otras que encarnan el descaro. Cepeda habla de juicios rápidos con reparación a las víctimas. Lo dice el mismo candidato que apoyó un acuerdo con las Farc que creó la JEP, una jurisdicción que ofreció impunidad a criminales y nunca garantizó reparación efectiva a las víctimas. Pretende ahora vender verdad y reparación que, como hemos visto, se quedaron en el papel como simples proclamas.

Otra propuesta descarada es recortar gastos innecesarios y lujosos del Gobierno. Dice que reducirá altos salarios, viajes y autos para destinar esos recursos a fines sociales. Resulta llamativo que lo diga el heredero político del gobierno de Gustavo Petro, en el que se han gastado más de $7.870 millones solo en viajes internacionales, con un aumento de 212% frente al gobierno de Iván Duque.

Ahora vayamos a las cinco propuestas más peligrosas: 1. Crear un banco estatal con “crédito barato”: parten de la idea de que la riqueza se decreta. Al fijar tasas artificialmente bajas, el Estado distorsiona el mercado, asigna mal el capital y termina trasladando las pérdidas a los ciudadanos vía impuestos o inflación.

2. Ampliar subsidios hacia una renta básica universal: destruye los incentivos al trabajo mientras castiga, vía impuestos, a quienes producen para sostener a quienes dependen del Estado.

3. Aumentar los impuestos al patrimonio: castiga el ahorro y la inversión, penaliza a quienes generan riqueza y empleo, y ahuyenta el capital. El resultado es menos inversión y más desempleo.

4. Seguir con la estatización del sistema de salud: nos devuelve al Seguro Social: largas filas, escasez de especialistas y medicamentos, atención precaria y centralización en hospitales públicos.

Y la peor: 5. Convocar una Asamblea Nacional Constituyente bajo un “gran acuerdo nacional”: es la misma ruta de las peores dictaduras. Como su gran amigo Hugo Chávez, pretende escribir una constitución socialista que siga castigando el ahorro, el trabajo y la inversión. Ya sabemos lo que pasa en esos países.

Pero además hay otras propuestas igual de graves para la economía, que darían para otra columna: profundizar una “revolución agraria” basada en expropiación y redistribución de tierras; blindar la reforma laboral y pensional para impedir su reversión; prohibir el fracking; y ampliar la gratuidad de universidades públicas en medio de la peor crisis fiscal de nuestra historia. Iván Cepeda no es solo un peligro para la democracia. Es, sobre todo, un peligro para la libertad económica y la inversión. Ojo: si gana Cepeda, puede que después ni siquiera podamos volver a elegir.

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