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En 1889 a un canciller alemán se le ocurrió una idea que, para su época, parecía brillante: un sistema pensional de reparto, donde las cotizaciones corrientes pagan las pensiones actuales. Les hablo de Otto von Bismarck, creador de la única pirámide financiera que ha sido legal en el mundo.
Casi 130 años después, el mundo sufre las consecuencias. Lo irónico es que mientras su país huye del sistema bismarckiano, en Colombia nos estamos yendo de cabeza y pal’ estanque.
No quiero juzgar excesivamente a Bismarck: cuando creó su pirámide pensional, la esperanza de vida en Alemania rondaba los 37 años y la edad de pensión era de 70. Como la jubilación llegaba mucho después que la muerte, casi nadie se pensionaba, y por eso el sistema no se caía.
Bismarck murió sin ver el monstruo que había creado. El paso de los años reveló el error: la esperanza de vida subió, la natalidad bajó, y hoy cada vez menos contribuyentes financian a cada vez más pensionados, que además viven más años cobrando.
Hoy la esperanza de vida en Alemania es de 81 años, y la edad de jubilación llegará pronto a los 67. Las pensiones ya representan 9,1% del PIB alemán, con proyección a 14,2% en 2035. Cuestan 406.000 millones de euros al año -más que el PIB entero de Colombia- y ya superan el promedio de gasto pensional de la Unión Europea, donde todos comparten el mismo sistema bismarckiano.
Según el Instituto Ifo, de cada 3 euros que Alemania recauda en impuestos, 1 se destina a financiar este fracasado sistema.
Ante ese lío, la Comisión de Seguridad Social y Pensiones alemana presentó 33 recomendaciones para salvar la fiscalidad del país. Este documento es la base de la reforma que hoy discute Alemania, y la resumo en cuatro puntos que, aunque suenan desastrosos, son solo la consecuencia de cargar 130 años con una pirámide pensional.
El gobierno De la Espriella tiene la responsabilidad de reformar nuestro sistema ahora, antes de vernos obligados a algo tan drástico como esto:
Primero (esto lo celebro): la edad de pensión aumentará paulatinamente con la esperanza de vida. Segundo, y muy impopular: para que los aportes por fin superen lo que se gasta, definieron que mientras haya déficit, las pensiones públicas se revalorizarán por debajo del salario mínimo, así eso erosione el poder adquisitivo.
Tercero, eliminarán la jubilación anticipada. Y cuarto, ¡lo que más me gusta! Crearán un Fondo de Capitalización estatal con cuentas individuales obligatorias -es decir, una AFP pública-, financiado con 2% adicional del salario bruto.
Poco aporte, pero que un país bismarckiano por fin opte por el ahorro individual ya es una ganancia. Esperan generar con él 30.000 millones de euros al año, una fracción modesta frente a la enorme deuda del sistema.
Esta reforma tiene de necesaria lo mismo que de impopular: los alemanes aún creen que el Estado no se quiebra y que siempre les garantizará una pensión. Pero ningún Estado resiste por siempre un sistema de reparto: o capitalizan, o terminan de quebrarse.
Mientras un Estado “rico” como Alemania migra hacia capitalización individual, Colombia insiste en meternos de cabeza en la pirámide pensional de Colpensiones. Si el gobierno De la Espriella no enfrenta este problema hoy, en 20 años estaremos frente a la peor crisis fiscal de nuestra historia.