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ANALISTAS 13/11/2025

Black Mirror

Jerome Sanabria
Estudiante

Hace pocos días estuve en París por primera vez, y aunque quedé deslumbrada por su arquitectura y su historia, hubo algo que me llamó aún más la atención: muchísimos adultos mayores, muchos adultos en general… y muy pocos niños. Y adivinen: este país está sufriendo con su sistema pensional.

Todo parece indicar que Francia, como Colombia, está viviendo una catástrofe demográfica, como confirmé al revisar los datos. Hoy, uno de cada cinco franceses es un adulto mayor, y para 2050, según el Institut National d’études Démographiques, Ined, serán casi 30% de la población. La esperanza de vida también se ha disparado: en 1950 era de 65 años; hoy alcanza los 82, una de las más altas del mundo.

El problema es que, mientras la población envejece, y es más longeva, cada vez nacen menos niños. Aunque Francia ha sido históricamente uno de los países europeos con mayor natalidad, en 2024 su tasa cayó a 1,68 hijos por mujer, la cifra más baja desde la Segunda Guerra Mundial.

En otras palabras, Francia se está quedando sin jóvenes y se está llenando cada vez más de adultos mayores que, a su vez, viven más. La pirámide poblacional se ha invertido por completo, y eso tiene consecuencias directas sobre el sistema pensional.

Dicho sistema es piramidal, muy similar al que Petro propone con su reforma. Todas las cotizaciones de los trabajadores se usan inmediatamente para pagar las pensiones actuales. En Francia, el Estado no ahorra ni invierte, solo gasta, y peor: tienen 42 regímenes básicos de pensiones públicas excesivamente “generosos”.

Según la Ocde, los franceses disfrutan de la jubilación más larga del mundo y en promedio reciben el doble de lo que aportaron, y si se incluyen las obligaciones futuras en materia pensional, la deuda total del país supera 400% del PIB, un lujo que las generaciones futuras no podrán sostener.

Y si tener un sistema piramidal en pensiones es perjudicial, cuando se combina con una catástrofe demográfica, el resultado es devastador. Hoy, Francia tiene el gasto público más alto del mundo, equivalente a 57% del PIB, y una cuarta parte del presupuesto se destina a pensiones, alrededor de 14% del PIB. Ningún otro rubro -ni educación, ni salud, ni defensa combinadas- cuesta tanto.

Y es que veámoslo a escala: en 1981 tenían cinco millones de jubilados. Hoy, 17 millones, y en 2050 serán 23 millones. El gobierno francés ha intentado ajustar la edad de jubilación de 62 a 64 años, aumentar impuestos al patrimonio y explorar otras alternativas, pero no es suficiente para sostener un sistema ya fracasado. Ni tampoco hay apoyo popular a estas medidas.

Lo de Francia es un ejemplo de lo que no hay que hacer en pensiones: un Black Mirror pensional. Lo inquietante es que Petro decidió copiarlo casi con exactitud. Un sistema fracasado que condena a mi generación y a las venideras a pagar una deuda ajena que además será eterna.

Con el gran agravante de que nosotros no tenemos una economía desarrollada, ni migración neta positiva ni respaldo del Banco Central Europeo para venderles deuda pública. Nuestro panorama es peor. Tanto en Francia como en Colombia, los políticos nos dejaron sin permiso para envejecer.

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