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Nafta y las instituciones

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Las decisiones recientes de Donald Trump sobre la renegociación de Nafta son una movida más en una serie de acciones desestabilizadoras de la economía global, de la que también hacen parte la guerra arancelaria con China y las cada vez más precarias relaciones comerciales con la Unión Europea.

Cualquiera que sea el desenlace del experimento de renegociación, el efecto sobre la confianza en las instituciones internacionales es devastador.

Contrario al acuerdo tripartito de 1994, en el nuevo acuerdo bilateral de Estados Unidos con México, las reglas de origen para la importación de vehículos se elevaron de 62,5% a 75% y se estableció que 45% del valor agregado deberá haber sido realizado por trabajadores a quienes se les pague por lo menos US$16 la hora; los vehículos que no cumplan estos requisitos tendrán un arancel de 2,5%. Las condiciones laborales en México son tales, que el llamado acuerdo solo se traducirá en el pago de la tarifa mencionada.

Tratar primero con México, para ejercer mayor presión sobre Canadá, podrá parecerle una gran jugada a los seguidores del mandatario estadounidense que admiran su estilo “poco convencional” de negociar. Sin embargo, habrá grandes dificultades para ratificar el nuevo acuerdo en el Congreso, en caso de que Canadá no se sume a la renegociación.

Pero incluso en el escenario hipotético en que Trump supere estos obstáculos, sus decisiones recientes hacen daño más allá de su impacto en la reducción del comercio. Los avances en materia de integración regional a lo largo del mundo son resultado de la creación y el fortalecimiento de instituciones orientadas a contrarrestar tensiones históricas entre países y aprovechar los beneficios de la cooperación.

Ejemplo de esto es, justamente, el contexto de posturas antagónicas entre México y Estados Unidos durante prácticamente todo el siglo XX y el papel transformador que Nafta ha tenido sobre ellas.

El éxito de buena parte de las instituciones construidas desde el inicio de la posguerra radica en haber logrado convertir escenarios de confrontación en dinámicas de cooperación, y en ampliar cada vez más las ganancias de tal cooperación: acuerdos en ámbitos como el comercio de bienes se han extendido al movimiento de personas o la lucha contra el crimen organizado.

La decisión unilateral de Trump de renegociar Nafta y forzar condiciones sobre quienes hasta hace poco eran considerados socios de Estados Unidos, destruye la confianza, debilita las instituciones y genera un contexto de posiciones encontradas con escasas opciones de buen desenlace.

Y en esos casos, cuando las interacciones se perciben como si fueran juegos de suma cero, se obstaculizan las posibilidades de cooperación, y se obliga a que cada quien persiga únicamente sus propios intereses inmediatos; se pierde la posibilidad de crear círculos virtuosos de construcción de confianza y suscripción de acuerdos, y se elimina el potencial de la cooperación, necesaria en situaciones como la de Nafta para abordar los desafíos conjuntos que tienen estos países.

Algo básico que enseña la teoría de juegos -y de lo que la historia ofrece innumerables ejemplos- es que la búsqueda del interés individual, sin contemplar el interés de los otros, con frecuencia conduce a resultados nefastos. Mucho se podría aprender de estas lecciones y corregir cursos de acción que no tienen chance de generar resultados positivos.

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