Analistas

¿Y quién más le debería temer a Uber?

Hasta el día de hoy el principal opositor al lanzamiento de Uber en casi todos los países donde la empresa del Sillicon Valley ha entrado, ha sido el gremio de los taxistas,  cuyos miembros se ven directamente amenazados por un jugador nuevo que tienen un modelo de negocio revolucionario y que está aumentando su tracción en el mercado. En la mayoría de países donde Uber ha desembarcado, los taxistas han organizado manifestaciones y han comenzado a hacer “lobby” con los políticos de turno para tratar de evitar el avance del servicio. En el mes de Julio, durante una jornada de huelga de taxistas, cerca de 2.000 conductores se manifestaron por el centro de Barcelona -la única ciudad española donde opera Uber- para reclamar al Gobierno que inhabilite esta aplicación.

Y de la misma forma que Uber sacudió un servicio que se consideraba poco propenso a la innovación por medio de una aplicación móvil y tomó por sorpresa a los gremios y sindicatos, se espera que en los próximos meses introduzca servicios complementarios sobre su plataforma, en competencia directa con empresas de mensajería, mudanzas y entregas a domicilio.

Las empresas de mensajería como Servientrega, Fedex, DHL o UPS llevan muchos años aprovechándose de las ineficiencias de los servicios postales, ofreciendo servicios de entrega local, nacional e internacional. Todo indica que este reinado está por terminarse y Uber en su afán de diversificarse, quiere atacar este mercado. Su estrategia se basa en un par de servicios que actualmente se encuentran en pruebas en Nueva York y en la capital de Estados Unidos, Washington DC. Aunque se trata de programas pilotos, ya se comenta que en estas ciudades, empresas pequeñas de “mandaderos” o “couriers” que llevan paquetes, sobres o mensajes de un lugar a otro de la ciudad de manera rápida y eficaz, podrían verse afectados por la llegada de estos servicios adicionales de la plataforma Uber. 

El primero, llamado “Corner Store” (o tienda de la esquina en español), permite a los usuarios adquirir productos de uso doméstico frecuente, de una lista pre-determinada que incluye categorías como analgésicos, papel higiénico, productos de limpieza personal, preservativos, etc. Estos productos son recogidos por conductores habilitados en la plataforma Uber y entregados al comprador de manera segura y sin que haya un intercambio de dinero físico.  Este servicio, de ser exitoso, podría extenderse al área de la entrega de comida a domicilio donde muchas empresas han tratado de aglutinar restaurantes para lograr mayores eficiencias pero han tenido éxito muy limitado. 

La segunda amenaza se conoce como “Uber Rush”, que se apoya en una red de “mensajeros” independientes que andan en bicicleta y que al estar conectados a la plataforma Uber, pueden contactarse con sus potenciales clientes de manera inmediata, establecer dónde tienen que recoger el paquete en cuestión y en minutos hacer entrega del mismo, dándole al cliente la posibilidad de seguir el trayecto del mensajero a través de la aplicación móvil.

Se dice que Uber tiene cientos de ideas sobre posibles servicios incrementales basados en su plataforma, incluyendo un servicio similar al de la entrega de paquetes pero enfocado al mercado de las mudanzas, una industria que en muchos países tiene un carácter oscuro y complejo y con la cual los usuarios en general no salen satisfechos.

Como dice el refrán “si las barbas de tu vecino ves cortar, pon las tuyas a remojar”: esta debería ser la actitud que las empresas que hoy en día están sentadas en sus laureles cómodamente disfrutando del liderazgo en un sector de la industria, deberían tomar y ponerse en la tarea de ver cómo se preparan contra la llegada de Uber o como buscan aliarse con ellos, porque parece claro que el camino de las marchas y las protestas no se vislumbra como una estrategia efectiva en contra de la evolución tecnológica.