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¿El mejor país del mundo?

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Gracias a que el Congreso permanece dividido en temas trascendentales como la implementación de una iniciativa de atención médica obligatoria, el Gobierno de Estados Unidos implementó un paro de actividades por primera vez en 17 años, al no poderse aprobar el presupuesto que regiría la financiación de las agencias federales para el nuevo año fiscal. Aunque el país mantiene los “servicios mínimos”, el desacuerdo político ha congelado temporalmente los empleos de cientos de miles de funcionarios del gobierno, una noticia que sonaría más lógico que proviniera de cualquier otro país del tercer mundo y no de la mayor superpotencia.

Lo absurdo del tema del paro me hace recordar un capítulo de la serie “The Newsroom”, escrita por el aclamado productor Aaron Sorkin, donde el protagonista Will McAvoy, presentador de noticias, encarnado por el actor Jeff Daniels, ha sido invitado a participar de un panel con otros periodistas en una universidad. Cuando una estudiante le pide al señor McAvoy si pudiera decirle en una frase por qué Estados Unidos es el mejor país del mundo, el experimentado periodista pierde la paciencia y yéndose lanza en ristre contra sus compañeros de panel, responde: “no, Estados Unidos no es el mejor país del mundo”, para luego extenderse en una letanía sobre los lugares que ocupa el país en diversos “rankings”, con el fin de soportar su argumento. 

Tristemente, la realidad actual no parece estar muy lejos del guión de la serie, como lo demuestra  un estudio reciente del Programa para la Evaluación Internacional de Competencias de Adultos (Piaac), que está considerado el examen de habilidades para adultos más completo del mundo, donde los estadounidenses calificaron por debajo del promedio internacional en matemáticas, lectoescritura y resolución de problemas. Según el estudio, las habilidades matemáticas de los estadounidenses quedaron muy por detrás de países como Japón y Finlandia, demostrando que las políticas de mejora del sistema educativo norteamericano no han sido efectivas en ayudar a los estadounidenses a ser suficientemente competitivos a nivel global y aunque no parezca evidente, podrían alejar a sus ciudadanos de posiciones estratégicas para dirigir una economía global que requiere de habilidades cada vez más complejas. 

La prueba, que examinó 157.000 adultos en 24 países y regiones, está diseñada para medir la lectoescritura y otras habilidades necesarias en la economía global y sus resultados resumen perfectamente cómo los EE.UU. no han empeorado ni mejorado en los últimos años, mientras que muchos otros países han tomado la delantera. El efecto a largo plazo de este debilitamiento del conocimiento y las habilidades intelectuales de la población podría presagiar un efecto nocivo en la economía en las próximas décadas, a menos que se tomen medidas para mejorar las habilidades de los más jóvenes. 

Los resultados de este estudio, así como cualquier otro, deben tomarse en contexto y se requiere un análisis más profundo para entender fenómenos que a primera vista parecerían inconsistentes como el hecho que Japón sea el líder en muchos aspectos y al mismo tiempo la economía japonesa haya estado paralizada durante casi 40 años. Desafortunadamente Colombia no está incluida en la muestra del estudio de la Ocde y el único referente de habla hispana en la muestra es España, quien no queda nada bien parqueado al ocupar el último lugar en la prueba de habilidades de matemáticas y el penúltimo en comprensión de lectura. Lo que queda claro es que la situación en Estados Unidos no se ve fácil, cuando se veía luz al final del túnel luego de una crisis económica nunca antes vista, se vislumbra un panorama oscuro donde la división política combinada con una parálisis del sistema educativo pueden tener consecuencias graves en el corto y mediano plazo.

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