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Analistas 23/10/2021

Un tema trascendente

Javier Arenas Romero
Director Harmex S.A.

Al exacerbado ambiente de la política colombiana, solo le faltaba la aparición de un candidato presidencial que abiertamente profesara su ateísmo.

Perplejo, como muchos otros ciudadanos, -mayores de 40 años y parte del grupo generacional más representativo en el censo del 2018- hemos asistido a la descomposición del ejercicio democrático en la elección popular de mandatarios regionales, departamentales, congresistas y del gobierno central. Proceso de elección que se ha convertido en motivo de desasociego y pesimismo.

Creímos haber padecido ya, por la llamada inclusión, todas las aberraciones y vejámenes con la escogencia de estos personajes que llevan el control de lo público, pero hasta ahora no había llegado el momento de evaluar un candidato disidente de la fe y desconocedor del poder sobrenatural de Dios.

Llegar a elegir un mandatario que se autoproclama ateo sería un despropósito histórico y fáctico, no solo por la magnitud espiritual de las creencias religiosas que han construido la identidad cristiana de nuestra Patria, sino también por la esperanza y capacidad de perdón de los colombianos que en todo momento han demostrado un espíritu resiliente, de fe en Dios, soporte y fuerza que nos ha permitido, aunque con dificultad, avanzar y buscar caminos de concordia.

No es el momento de adoptar una postura enferma de liderazgo que acreciente la inseguridad existencial de los colombianos. La historia ha demostrado que Dios no es un obstáculo para el perfeccionamiento y verdadero desarrollo de la humanidad, por el contario, cuando se reconoce a Dios, es más fácil identificar las manifestaciónes constantes y persistentes del ateísmo galopante, que eleva el superyó, todopoderoso, con egos y narcisismos silenciosos que reniegan del pasado, prometiendo un futuro sobre arena.

Esta tendencia es el repetir de la historia, sembrada por el marxismo comunista, que no respeta la identidad del ciudadano en su dimension espiritual ni corporal. Oírlos hablar nos da la somera sensación de que se quieren mucho a sí mismos, lo que, seguramente, demostraría poco respeto por los demás.

Los problemas tan difíciles de solucionar en un país como el nuestro reclaman la elección de un gobernante que realmente pudiera promover toda clase de ayudas, las naturales y las sobrenaturales, no hay por qué no hacerlo, es ahí donde está el conocimiento de lo trascendente.

El conocimiento de la historia reciente nos indica no repetir el arrume de torpezas e ideas sin sustento que fundamentan el llamado populismo siglo XXI. Una tendencia que pone en dificultad la búsqueda de buenas relaciones entre incompatibles, porque la negación de Dios es, en últimas, la propia negación de la creación, lo que convertiría todo en una autoimaginacion de seres no esenciales, acontecimientos a hechura del limitado razonamiento humano.

Ya en otras épocas ha ocurrido que después de la proclamación del ateísmo viene el desprecio por el creyente. No es bueno hacer alarde del ateísmo que muchas veces posa de una supuesta liberación y nivel intelectual que mira por debajo del hombro a la persona que vive y practica su creencia religiosa. Del ateísmo criollo a la descalificacion del creyente hay pocos pasos de ignorancia y mucha carga de cristianofobia.

El ateo encarna la fe en el mismo hombre que desconoce a Dios o reniega de Él, y que intenta construir, peligrosamente, un mundo entronizando en la realeza humana. El ateo pregona dicha estupidez y tiene la virtud de promoverla entre sus similares, anula el pilar fundamental de lo sagrado, de sus creencias y perpetua la miseria espiritual.