Analistas 29/08/2020

Teletrabajar… ¿seguro?

De la misma manera que desde el inicio de la pandemia circuló un meme que preguntaba quién era el principal responsable de la digitalización de las compañías y entre el CEO, el CTO y el covid-19, salía vencedor el tercero, algo parecido podemos decir respecto al teletrabajo.

Estoy seguro de que la gran parte de las empresas ya tenían en su hoja de ruta implementar alguna fórmula que combinara el trabajo presencial con el remoto. Sin embargo, la virulencia y agresividad del maldito “bicho”, ha hecho que esos procesos se aceleren por razones de fuerza mayor. Era la única manera de seguir produciendo, garantizando lo que es una cuestión innegociable: la salud de los trabajadores. Creo que hasta aquí estamos todos de acuerdo.

A partir de estas reflexiones, es cuando surge el debate fundamentalmente porque la presencia de este virus en nuestras vidas (y otros que puedan aparecer en un futuro), se va a prolongar más de lo que pensábamos y lo que se había pensado como una solución “coyuntural” hay que empezar a analizarla como algo con lo que tenemos que lidiar y que va a formar parte, en mayor o menor medida, de nuestra rutina laboral.

En mi opinión, ninguna empresa está preparada para teletrabajar al 100% ni tampoco las personas que pertenecen a una organización lo están. Ni siquiera aquellos que realizan tareas mecánicas, analíticas…, que no requiere más interacción que con el computador. Voy a intentar argumentar mi punto de vista al respecto, sin olvidar dos premisas: con la salud del trabajador no se juega y el teletrabajo puede ser un buen complemento a nuestra forma de trabajo tradicional:

-Los procesos de trabajo de las empresas tienen un componente de trabajo en equipo, relación con “stakeholders”, colegas de trabajo… que no puede eliminarse de un día para otro sin que eso impacte en caídas de productividad y mermas en eficiencias. Quien diga que esto no es un problema y que las reuniones “virtuales” pueden asumir el rol de las “presenciales”, sufre principio de ceguera. Si no hay alternativa porque la realidad lo impide, por ahorrar en viajes o desplazamientos y siempre que sea algo temporal y/o puntual, en parte se puede considerar como solución, pero no me cabe duda que los resultados que se obtienen en una reunión “tradicional”, bien dirigida y organizada, son considerablemente más determinantes por muchas razones, entre otras: mayor empatía, atención y participación, discusiones más enriquecedoras, aumenta la sensación de pertenencia, protagonismo en el grupo, mejora (o no, pero tampoco es algo negativo) la relación con tus interlocutores. Esto es aplicable tanto a los modelos tradicionales basados en procesos lineales y sucesivos de trabajo, como los más actuales basados en: “mvp”, “sprints”, “agile”, entre otros. Por cierto, para quien lo dude, las famosas “conversaciones de pasillo” o los cafés, a media mañana, como siempre con responsabilidad, también son claves para “construir espíritu de empresa” y eso impacta directa e inmediatamente en los resultados de la misma

-Se ha pasado de resaltar lo bien que se trabaja en casa al evitarse pérdidas de tiempo en traslados, en reuniones inútiles, a empezar a cuestionar tanto teletrabajo porque no es tan fácil la conciliación laboral y familiar si todos los miembros de dicha familia están en casa. ¿Qué es lo que está sucediendo en muchos casos? Conflictos entre sus miembros, las condiciones de trabajo no son las más adecuadas (mobiliario, conexiones, espacio…), los horarios laborales son interminables, cosa que en el trabajo presencial es más factible respetar, no cambiar de espacio en todo el día genera aburrimiento, problemas físicos ( poca movilidad, sobrepeso, peor calidad de sueño), menor concentración. Eso produce un agotamiento mental que acaba pasando factura. La “presunta” conciliación trabajo-familia, trabajo-persona puede convertirse en una pesadilla a resultas del tan “bienvenido” teletrabajo.

-El activo más importante que tienen las empresas son las personas. La tecnología, los procesos, las herramientas de gestión, los ordenadores…, ayudan a simplificar nuestro trabajo y a hacerlo más eficiente mejorando la propuesta de valor. Sin embargo, el ser humano es un ente social que necesita interactuar con sus semejantes para lograr su plenitud en todos sus aspectos vitales. También en el laboral. Esto lo digo porque muchas empresas, en especial las que alardean de estar a la vanguardia de la innovación y la modernidad, ponen mucho énfasis en priorizar el teletrabajo sobre la presencialidad, olvidándose de este aspecto que para mí es determinante. Es curioso que muchas de estas empresas de la “nueva economía” fomentan aspectos tan “peculiares” como su apuesta por la comida sana con oferta de alimentos saludables para sus empleados, el llevar mascotas a la oficina, tener espacios para descansar, para juegos, actividades físico-deportivas… y se olvidan de lo que es algo tan intrínseco y connatural en el ser humano: la sociabilidad y su necesidad de relacionarse “cara a cara”.

-No existe en la actualidad legislación que regule el teletrabajo en todos sus ámbitos y aristas

Con todo lo anterior, lo que me gustaría destacar es que una vez más en el equilibrio y la moderación está la virtud. Teletrabajo, sí, pero presencialidad también, intentando sacar ventaja de lo mejor de ambos mundos.

Habrá organizaciones que por su actividad, por sus recursos puedan pensar que están más preparadas para pasar “de la dieta al empacho” (de la total presencialidad al total teletrabajo), con los ahorros, “supuestas” eficiencias que se puedan lograr y afán de sentirse innovadoras y “modernas”, pero dudo mucho que en su decisión hayan analizado en profundidad y con detenimiento lo que lleva aparejado un cambio tan drástico en su manera “habitual” de trabajo así como la situación particular de sus empleados.

El tiempo dará o quitará la razón a unos o a otros. De momento yo apuesto por la cautela ante este nuevo paradigma, que sin duda y pese a todo, ha llegado para quedarse. Prefiero hablar de flexibilidad laboral que de teletrabajo.